Una nueva muestra del cine de un Pedro Almodóvar maduro, con menos excesos imaginativos y más contenido que reafirma su dominio técnico y de estilo pero cuya narración nunca parece viva ni adquiere fuerza. Lluís Homar y especialmente Penélope Cruz destacan dentro de sus papeles de este cruce entre drama y el mundo del cine del director.
Harry Caine es un escritor de guiones ciego que vive arropado por su agente y el hijo de ésta, quien le ayuda a escribir sus historias. Harry todavía no ha podido curar sus heridas de hace catorce años, cuando era un director de cine conocido por su nombre real, Mateo Blanco, e inmerso en el rodaje de su última película “Chicas y maletas” se enamora de su protagonista, la amante de un poderoso hombre de negocios que ejerce como productor del filme.
Pedro Almodóvar centra su historia en el mundo del cine y en la figura de un director de cine, una representación de su propia persona a la que ya había recurrido anteriormente en “La ley del deseo” y “La mala educación”. El director manchego no sólo emplea el cine como marco en el que narrar su hilo argumental sino como referencia a su propia filmografía a través del rodaje de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, rebautizada aquí como “Chicas y maletas”. Dentro de este marco cinematográfico, Almodóvar construye una historia de amor maldito que se desarrolla en un eje temporal y plasma sus consecuencias y los secretos ocultados por su desenlace de forma paralela y separados catorce años en el tiempo. El guión de “Los abrazos rotos” hace que esta historia tienda más hacia el melodrama que a un drama, ya que tiene una clara intención de manipulación emocional y lo trágico de su historia queda exagerado por las circunstancias en cómo se plantea en el principio y la traca de revelaciones finales. La película no es una explosión de la temática que empleaba el director en el inicio de su filmografía, es mucho más austera en ese aspecto e intenta aprovechar de su estilo característico para narrar una historia dramática de forma adulta. Pero los recursos que emplea son de apariencia tan poco veraz y falsa que en los filmes más imaginativos del director, haciendo que esta cinta nunca sepa en qué tono se tiene que mover ni cómo hacer llegar su tensión dramática al espectador. La película se apoya en las notables interpretaciones de su elenco de actores, encabezado con un cálido Lluís Homar y con Penélope Cruz en su primer rol tras recibir el Óscar en 2009 por “Vicky Christina Barcelona”. La actriz, habitual en las películas del director, es lo más destacado de “Los abrazos rotos”. El peso y la combinación de chispa y tragedia que Penélope Cruz le da a su personaje es lo mejor perfilado que ofrece esta película, que siempre sabe que tiene una buena historia, que aprovecha del sello que Almodóvar le da a su cine peo que carece del tono y de la sensibilidad necesaria para hacer llegar su historia sin demasiadas estridencias. |