El director Jim Jarmusch vuelve tras cuatro años de silencio con una película que esconde siempre su trama, se repite cíclicamente y se autoreferencia en casi cada frase. Excelente visualmente, exige al espectador un esfuerzo por dejarse atrapar por su atmósfera y dejarse llevar que, al final, no acaba resultando completamente recompensado.
Un hombre misterioso, taciturno, solitario y que vive al margen de la ley llega a España para realizar un trabajo. Sin que quede revelado y a través de encuentros con extraños personajes que le van pasando mensajes en clave, este hombre realiza pequeñas acciones y se mueve por diferentes partes del país siguiendo una línea de acción oculta que le permitirá completar la tarea que tiene asignada.
El director estadounidenses Jim Jarmusch abandona en esta película el concepto y la necesidad de un argumento en el sentido habitual de la palabra. Jarmusch nunca deja ver la trama que hace mover a sus personajes, llegándose al extremo de preguntarse si realmente existe. Todo en “Los límites del control” es periódico y recurrente. La misma escena se va repitiendo siempre pero con una nueva persona y en un lugar diferente, frases de la conversación mantenida al principio vuelven a ser dicha por casi todos los personajes en algún momento y no sólo la actitud sino también las frases del protagonista son siempre las mismas. La película no intenta narrar una historia, quiere crear una atmósfera que sea el hilo conductor, propiciar un viaje en un nivel más subconsciente y dejar que el espectador use su imaginación. Para ello se apoya en el actor Isaach De Bankolé, quien con silencios y miradas logra ser totalmente enigmático y fascinante, y en un aspecto visual magnífico gracias a la cinematografía de Christopher Doyle.
Jarmusch sigue manteniendo además varias de sus señas de identidad, como su ritmo pausado y su interés en mostrar el lado más gris del paisaje urbano. Pero esta propuesta del director de “Flores rotas” nunca acaba de lograr tener el tono en el cual su falta de argumento dejar de ser notada, le cuesta atrapar plenamente al espectador y transmitir totalmente la idea alrededor de la cual gira la película. El filme está lleno de pequeños papeles interpretados por actores conocidos que ayudaran a vender esta película que se sale de los cánones del cine comercial y puramente narrativo, pero sólo un tipo de público relativamente reducido podrá apreciar la extraña belleza que Jim Jarmusch da a sus películas y estar dispuesto a dejarse llevar por esta interesante propuesta. |