Una producción al estilo Hollywood, Paul Bettany como protagonista y una historia apocalíptica con ángeles batallando en la Tierra parece sobre el papel una excelente combinación para realizar una notable película de entretenimiento. Gracias especialmente a la labor de su director y co-guionista Scott Charles Stewart, esta película es un desastre continuo y pretende tomarse en serio a sí misma a pesar de que involuntariamente parece más una parodia de un filme de zombies.
Dios ha perdido su fe en la humanidad y ha decidido exterminar a los seres humanos de la faz de la Tierra. Para ello manda a su legión de ángeles para cumplir la misión pero Miguel decide desobedecer sus órdenes. El arcángel cae en la ciudad de Los Ángeles donde se prepara para ir a proteger a la única fuente de esperanza que tienen los hombres, un bebe todavía no nacido de una madre soltera que trabaja en una gasolinera remota en el desierto de Nevada. El ángel junto con los trabajadores de la estación de servicio y algunos clientes tendrán que proteger el lugar a toda costa mientras el transcurre el apocalipsis.
En su primer largometraje como director, el especialista en efectos especiales Scott Charles Stewart da una lección de tedio y mediocridad que ha costado cerca de treinta millones de dólares. Junto con el también novel como guionista Peter Schink, firma un guión lleno de robos de ideas de otras películas, de situaciones absurdas, agujeros y líneas de diálogo dignas de las peores películas de ciencia ficción de serie B. Pero como mínimo la película no es descompensada, ya que la calidad de la historia se encuentra correspondida por una realización plana, con un sentido del ritmo completamente desequilibrado, un montaje que enlaza secuencias a saltos e incluso, dado la especialidad del director, con unos efectos especiales correctos pero insuficientes dada la temática del filme. La elección del escenario en el que transcurre la película es también incomprensible y la limita enormemente ya que mientras transcurre el apocalipsis a escala planetaria por parte de los soldados de Dios, el espectador se encuentra viendo como un puñado de personajes se dedican a disparar a oleadas de humanos poseídos por ángeles (más bien parecen zombies) desde el tejado de una gasolinera perdida en un desierto (que para darle un toque de originalidad se llama Paradise Falls, la caída del paraíso). Una vez que “Legión” ha conseguido eliminar rápidamente el atractivo que una guerra angélica puede tener, todo el interés del filme recae en sus actores y especialmente su protagonista. Paul Bettany aborda su personaje y especialmente su diálogo con una gran seriedad y aplomo sin percatarse de que el material que tiene entre manos es lo opuesto a Shakespeare y es demasiado ridículo para cualquier actor medio decente. Aun así, él resulta lo mejor del filme junto con un par de escenas realmente divertidas que seguramente nunca pretendieron serlo. El resto del reparto tiene semblante de no saber realmente qué tiene que hacer, especialmente Dennis Quaid y Lucas Black.
“Legión” pretende ser una película de acción sólida y con todas sus pretensiones resulta en una nueva muestra de lo más mediocre que este género puede ofrecer. Únicamente la presencia de su actor principal hace que un mínimo interés se mantenga durante todo el metraje pero lamentablemente el final parece prometer una segunda parte. |