Este drama se arma rápidamente de sus mejores virtudes y las mantiene durante gran parte del metraje. Pero su rapidez emocional final así como la descompensación en uno de sus protagonistas lastran la verosimilitud de las sensaciones que transmite la historia.
Una pareja tiene un niño en acogida con la intención inicial de seguir los trámites para adoptarlo finalmente. El pequeño tiene ocho años y arrastra una serie de problemas emocionales. El padre cree que no puede conectar con él y que deberían comunicar a los servicios sociales que no son capaces de continuar teniéndolo. Según él, únicamente su empleada del hogar de origen peruano es la que consigue realmente comunicarse con el chico. La madre es más comprensiva con el comportamiento del niño y no está dispuesta a que se lo quiten. La visita de una de las trabajadoras sociales que sigue su caso hace que sus miedos, inseguridades y elementos vergonzosos en sus vidas afloren a la superficie.
Los temores, mentiras y hechos que provocan vergüenza en los componentes de una pareja salen a relucir de una forma natural, verídica y especialmente remarcable, ya que la acción sucede en el marco temporal de un día. En algunas situaciones, estos elementos escondidos son demasiados y recargan innecesariamente el guión, como es el caso del tema de la infidelidad, pero no desmerecen la solidez con la que está desarrollado el planteamiento del filme. La verosimilitud de “La vergüenza” está firmemente respaldada por la notable actuación de Natalia Mateo y la buena química presente entre ella y su compañero protagonista, Alberto San Juan. Él es la persona encargada de introducir las notas cómicas, y esto hace que a veces se le olvide en alguna secuencia de más que está rodando un drama. Su personaje es el que descompensa el guión en su tramo final, ya que se sus múltiples cambios desconciertan y su seguridad final respecto al niño es poco coherente, dado la limitación temporal en la que se sucede la película. Sus revelaciones finales también aparentan ser precipitadas y el desarrollo conseguido por el filme hasta el momento queda desestabilizado. La sensación de apresuramiento está todavía más acentuada en sus últimos minutos, donde todas las líneas argumentales encuentran una conclusión cerrada, algo factible a largo plazo pero inverosímil de que ocurra en un día. “La vergüenza” es una película interesante, bien narrada y que sabe perfectamente como crear una conexión entre el espectador y los protagonistas, pero su ansia final por cerrar todas las historias la alejan del dramatismo y del realismo de la historia. |