Esta película es todo lo que se podía esperar de una comedia romántica al uso de y para Sandra Bullock. Predecible, fácil y extremadamente dulce que, como es habitual, se sustenta únicamente en la chispa y química que tengan sus protagonistas. Al menos en este último aspecto el filme funciona.
Margaret es una editora de carácter estricto y tiránico que dirige su departamento con mano de hierro, especialmente a su asistente Andrew. Cuando por problemas burocráticos, la petición del permiso de residencia de Margaret no es aceptada, fuerza a su asistente a casarse con ella para poder quedarse en el país y evitar ser deportada a Canadá. Ambos se van a una reunión de la familia de él que vive en Alaska con la intención de comunicarles la notica de la boda y mantener las apariencias.
Hace unos años Sandra Bullock afirmó en una entrevista que no volvería al género de la comedia romántica. Tras alguna incursión en otros géneros con mayor o menor fortuna, haciendo de Harper Lee en “Infamous” o protagonizando el thriller “Premonición”, vuelve al terreno en el que teóricamente mejor se desenvuelve. Ella es el mayor reclamo de la película “La proposición”, que en el fondo es una cinta más, sin nada nuevo que añadir en su filmografía. El filme es totalmente previsible, inverosímil, ñoño, simple y fácil, tal y como era esperable. Sandra Bullock sigue manteniendo su toque para la comedia que tanto éxito de público le ha reportado y en esta ocasión está acompañada por Ryan Reynolds, un actor de discutido talento al que, a pesar de todo, la cámara quiere. Y así la película consigue entregar lo que promete a pesar de contar con un guión tan mediocre como su dirección: una comedia romántica al uso, olvidable y algo tonta con Sandra Bullock al frente, recuperando su tipo de cine y mostrando cierta chispa y química con su contrapunto masculino. |