Visualmente magnífica, esta primera parte de la adaptación de uno de los clásicos de la literatura de ciencia ficción rusa es excesivamente simplista en algunos momentos, pero siempre sabe mantener su ritmo y fuerza narrativa.
En el año 2157, la Tierra ha evolucionado eliminando de su sociedad la agresividad, enfermedad y además ha experimentado una gran evolución técnica. Maxim es un joven piloto que se estrella en un mundo habitado por humanoides y que se encuentra dominado por un sistema totalitario. Con su inocencia natural intenta entablar amistad con las personas que se encuentra, pero pronto se da cuenta que donde ha llegado no es en absoluto un mundo idílico y que la vuelta a casa no va a ser fácil.
La adaptación de la conocida novela del mismo título, escrita por los hermanos Strugatsky, está hecha con grandes recurso técnicos y una sobresaliente estética. Se sigue manteniendo la velada crítica al régimen soviético comunista de la época, representada a través del sistema totalitario presente en el filme, pero en algunos momentos las ideas parecen esquemáticas, poco elaboradas y faltas de desarrollo. Pero esto no quita que la historia y la parte de acción presente tengan ritmo y el filme sea narrativamente dinámico. Aunque a veces resulta un poco simplista, esta película rusa de ciencia ficción de alto presupuesto cuenta con una destacada estética, tiene más sustancia de lo habitual en el género y es un entretenimiento más que digno que, lamentablemente, queda inconcluso al depender de una segunda entrega. |