El director André Téchiné tiene una prometedora y extremadamente interesante historia en sus manos pero incomprensiblemente se pierde en los preámbulos y las historias secundarias, relegando prácticamente al olvido el punto más importante de su filme. Émilie Dequenne cumple con el rol central, aunque el guión o deja ahondar en ella, algo que lamentablemente también sucede con los secundarios interpretados por Catherine Deneuve y Michel Blanc.
Jeanne es una joven que intenta encontrar trabajo como secretaria y, al no conseguirlo, hace de cuidadora de un negocio junto con su novio mientras el propietario está ausente. Tras la detención de su pareja por un tema relacionado con drogas, Jeanne finge haber sido víctima de un ataque perpetrado por neonazis, confundiéndola por una persona judía. Rápidamente esta falsa denuncia escala de forma mediática y política.
Esta película esta divida en dos partes, la primera titulada “circunstancias” y la segunda “consecuencias”. Esto da a entender que el director francés André Téchiné tiene la intención de estructurar los acontecimientos de forma lógica y consecuente, siguiendo la evolución de la historia que presenta. Resulta extremadamente extraño que para poner en antecedentes al espectador, el director construya una serie de narrativas secundarias, las enlace de forma inconexa y las olvide a conveniencia. Cuando llega el centro de la acción, la denuncia y el espectáculo mediático que se forma sin pruebas, toda esta consecuencia se empaca en cuatro frases un dialogo que no va más allá de lo obvio. Cae el telón y muchas cosas quedan por narrar, otras por explicar y se tiene la sensación de que su gran potencial se ha perdido intentando crear un conglomerado narrativo humano pero que está mal hilvanado y se desentiende de los puntos más importantes de la película. El filme despierta expectación pero emplea cortes bruscos en sus momentos más importantes y les da a todos sus personajes, principal y secundarios, un gran bagaje e interrelación personal con otros personajes que quedan completamente colgadas en el aire sin apenas justificación, como las relaciones paterno filiales, el pasado triángulo afectivo de la madre o los motivos de la protagonista para realizar su denuncia. Émilie Dequenne, quien interpreta este papel central, es una Buena fachada pero el guión nunca permite al espectador adentrarse en ella, y lo mismo ocurre con los personajes secundarios, desaprovechando en exceso a Catherine Deneuve y Michel Blanc.
“La chica del tren” tiene la semilla de una gran historia y algunos conseguidos momentos pero presenta los accesorios y se olvida de lo que quiere contar, algo que podría funcionar perfectamente pero que en este caso simplemente logra dar una atmósfera de desestructuración involuntaria. |