Con una gran fuerza narrativa, esta comedia dramática cercana al drama ligero, que narra la caída y renacimiento de un DJ, cuenta con ritmo, una extraña pero perfectamente ajustada sensibilidad y una actuación protagonista excelente.
La historia sigue a Frankie Wilde, uno de los mejores DJs del momento, quien vive y triunfa en Ibiza. También ha conseguido sacar un disco que ha tenido una gran acogida y está teóricamente preparando otro. Con un ritmo de vida alto y con un gran éxito, todo desaparece cuando se queda sordo. Deprimido, casi alcoholizado y tomando grandes cantidades de droga, se aísla completamente en su casa cuando se da cuenta de que no va a recuperar nunca su oído. Gracias a un chica que es quien le enseña a leer los labios, Frankie descubre una nueva forma de vida.
Combinando el estilo de falso documental con secuencias puramente cinematográficas de gran dinamismo, esta peculiar historia de redención funciona a la perfección. Sin caer nunca en la comedia fácil ni tampoco en el drama puro, la película mezcla una calidez propia, acidez y tensión dramática. Gran parte del logro de este filme es gracias a su actor principal, Paul Kaye, quien aporta gran intensidad y credibilidad a su personaje a pesar de alguna sobreactuación, exceso suyo o por culpa del guión, en un par de secuencias. Con un humor inteligente y un tono dramático más que adecuado, esta notable película consigue entregar una historia de segundas oportunidades en un extraño escenario con una gran calidad. |