Philip Seymour Hoffman, uno de los mejores actores de los últimos años, dirige su primera película adaptando una obra teatral que él mismo protagonizó. Interpretando también al personaje central, Hofman demuestra una vez más sus habilidades como actor en una comedia romántica atípica y pausada aunque su trabajo como director destaca por ser excesivamente plano.
Sinopsis: Jack es un conductor de limusinas tímido, retraído y aislado. Su mejor amigo Clyde y a la vez compañero de trabajo le fuerza junto a su mujer a que acuda a una cita a ciegas con Connie. Ella comparte con Jack muchas de sus limitaciones sociales y la relación entre ambos empieza a crecer mientras que la de Clyde y su esposa inicia una caída.
Philip Seymour Hoffman es un actor que puede haber estado dirigido por un realizador brillante, uno competente u otro altamente mediocre pero quien en general siempre entrega un trabajo interpretativo de calidad. Es uno de los grandes actores de su generación, capaz de trabajar con los hermanos Coen, Sipke Lee o J.J. Abrams y resultar siempre un elemento destacado del filme. Por primera vez Philip Seymour Hoffman se dirige a sí mismo, llevando a la pantalla un material que conoce a la perfección.
"Jack goes boating" es la adaptación cinematográfica de la obra teatral del mismo título escrita en 2007 por Robert Glaudini, la cual se representó en Nueva York y estaba protagonizada por el propio Philip Seymour Hoffman. En su versión cinematográfica , es evidente lo bien que conoce Hofman a su personaje, los matices que es capaz de darle y su predilección por los detalles humanizadores de este personaje ligeramente excéntrico.
Si el trabajo como actor de Hofman en esta comedia romántica es una vez más simplemente impecable, su puesta en escena como director resulta mucho menos vistosa e interesante. Muchas adaptaciones de obras teatrales sufren de las limitaciones temporales y espaciales presentes en el material base, restringiendo la fluidez y posibilidades de la película al limitarse únicamente a rodar escenas de forma estática. "Jack goes boating" es un ejemplo perfecto no sólo de una película que quiere rendir tributo a su origen en los escenarios sino también es una clara muestra de la monotonía visual e incluso narrativa que este gran respeto puede ocasionar. En su labor como director, Hofman es tan poco personal y quiere pasar tan desapercibido como director que su esfuerzo por no dotar de artificios a su historia y personajes hace que la película resulte en bastantes momentos demasiado plana.
Lo que sí se transmite con facilidad es el aprecio que Hofman tiene tanto por su personaje como por el resto. Los trata con cariño, haciendo que esta historia sobre dos parejas en dos momentos vitales completamente diferentes resulte a la vez amable, divertida y simpática. Su historia avanza con cierta lentitud aunque la excelente concepción de los cuatro personajes centrales llena de forma notable todas las escenas.
El gran puntal en el que se basa la película, más que la propia trama en sí, es en los personajes y el excelente trabajo de quienes los interpretan. Junto a Philip Seymour Hoffman, repiten dos de los tres restantes actores originales de la obra de teatro, Daphne Rubin-Vega y John Ortiz. Este último y a quien normalmente se le ve solo en pequeños roles secundarios demuestra su calidad como actor cuando tiene un papell protagonista. Amy Ryan es la nueva incorporación, una actriz con la quien ya trabajó el director en "Antes que el diablo sepa que estás muerto" y con quien demuestra tener la química y complicidad justas para desarrollar la relación afectiva entre dos personajes a la vez tímidos, algo perdedores pero en el fondo cargados de optimismo.
"Jack goes boating" es al final una pequeña película que no resulta particularmente maravillosa pero que su tono amable, sus pequeñas rarezas y especialmente las notables interpretaciones que contiene hacen de ella una simpática comedia romántica con toques dramáticos que vuelve a ensalzar la calidad de Hofman como actor, aunque resalta también sus limitaciones como director, demasiado encerrado en la obra teatral que conoce a la perfección y la cual traslada rígidamente y sin demasiada chispa. |