Tras una primera parte más decepcionante que triunfal, esta secuela subsana varias de las carencias formales de su predecesora pero sigue sin lograr entregar una acción que realmente resulte emocionante, volviendo a sostenerse únicamente por la vacua espectacularidad visual que contiene en varios momentos.
Sinopsis: Han pasado diez años desde las últimas aventuras de Perseo, hijo de Zeus. Intentando vivir tranquilamente como un pescador con su propio hijo, vuelve a empuñar la espada para rescatar a su padre de su secuestro por parte de hades, quien planea liberar a Cronos y lo que traería la destrucción del mundo.
En los últimos años hemos asistido al estreno de grandes superproducciones que tenían la intención de convertirse en una triología como mínimo pero, a pesar de su enorme presupuesto, resultaron una decepción tanto de crítica como de público. Esta suerte la han corrido títulos como "Prince of Persia", "Airbender, el último guerrero", "Green Lantern" o incluso la reciente "John Carter", cuyas secuelas se encuentran congeladas a la espera de que haya un productor sin miedo al riego extremo o directamente kamikaze. Tras ser nominada al peor remake y peor uso del 3-D en los Razzies de 2011, "Furia de titanes" parecía haberse ganado un sitio por méritos propios dentro de esta lista de pequeños y fastuosos fiascos.
Pero las cuentas parecen haber salido, especialmente gracias a la recaudación en el mercado internacional, y llega su secuela "Ira de titanes" y todo parece indicar que muy mal tienen que ir las cosas para que no se ruede la tercera parte que ya tiene título provisional, "El regreso de los dioses". La primera y simple pregunta sobre si esta continuación e mejor que su predecesora se responde con facilidad: sí lo es. Otra respuesta muy diferente se tendría a la pregunta de si valía la pena hacerla.
Y es que "Furia de Titanes" presenta una vez más las aventuras endiosadas de lo que era el peplum de toda la vida, el cine de capa y espada, entregando aquí una mínima historia al servicio de los efectos especiales. Éstos se encuentran mejor conseguidos que en la primera parte y por suerte el 3-D es de mejor calidad. Dioses, héroes, criaturas mitológicas y un Sauron del Señor de los anillos reconvertido en Cronos llenan la pantalla con cierta espectacularidad y con un buen ritmo que el director Jonathan Liebesman ("Invasión a la Tierra") logra imprimir con bastante facilidad y aplomo.
El filme subsana varios errores del pasado, como la calidad de sus efectos especiales ya que no hay cosa peor que una superproducción que parezca cutre, el excesivo número de personajes secundarios que deambulaban sin saber qué pintaban y presenta además un guión que, sin ser un alarde de ingenio, no resulta irrisorio. Lo que realmente le falta al filme es un poco de alma y el conseguir crear un interés por lo que está sucediendo en pantalla. La trama intenta dar algo de acartonada humanidad a los personajes, algo en lo que fracasa completamente, y ello hay que juntarlo al hecho de que nunca logra crear una tensión ni sea espectacularmente absorbente, con lo que todo queda un poco blando.
El actor protagonista, Sam Worthington ("Avatar", "Al borde del abismo") sigue representado al héroe acción plano y monótono a la perfección y la presencia de Liam Neeson y Ralph Fiennes son el único destello de solidez interpretativa. El resto de actores como Danny Huston, Édgar Ramírez, Rosamund Pike o Toby Kebbell cumplen pero lo que tienen entre manos no son personajes sino maniquíes.
Algunos actores principales de la primera parte no hay querido repetir la experiencia, y eso es algo que mucha parte del público tampoco se planteará hacer. Vista la calidad de la entrega anterior, esta continuación no supone una decepción dado el nivel presentado de partida, al contrario, "Ira de titanes" presenta mejorías evidentes que hacen al filme un entretenimiento digno aunque completamente artificial, olvidable y hueco. |