Este estilizado drama está dirigido con gran belleza por parte de Luca Guadagnino, quien consigue crear toda una gama de sensaciones y de atmosferas a través de imágenes y de gran cinematografía, desplegando una simple historia con una gran riqueza y absorbente fascinación. Tilda Swinton llena un papel central magníficamente escrito y que encuentra en la actriz la personificación perfecta y la capacidad interpretativa necesaria para darle vida.
Emma es una mujer de origen ruso casada con uno de los miembros de una importante y adinerada familia milanesa. Tiene tres hijos adultos y su existencia está siempre en un plano secundario respecto a los hombres, quienes son los que dominan el negocio textil de la familia. El patriarca de la familia nombra como sucesores a su marido y su hijo, quien también está punto de iniciar un negocio de hostelería con su mejor amigo. Emma, tras experimentar la riqueza de sus platos, inicia un despertar de su propia personalidad e identidad.
En su tercer largometraje como director tras “Melissa P.” y “The protagonists”, Luca Guadagnino entrega un melodrama rodado con una gran belleza y un poderoso estilo. “Io sono l’amore” es una película que habla sin tener líneas de diálogo, que emociona sin florituras dramáticas y transmite toda su carga con únicamente cinematografía y una gran dirección. Luca Guadagnino construye con gran habilidad todo un entramado emocional a través de tono y atmósfera, desplegando de forma magnífica toda la carga emocional contenida en el guión. La historia no es especialmente original y es en realidad bastante simple, algo seguramente beneficioso ya que permite a su director poder centrarse en lo no escrito, en lo que la historia transpira y sin tener que distraerse en una rápida narrativa. Sin embargo, en algunos momentos y especialmente al final de su segundo acto, esta simplicidad en el guión hace que filme decaiga ligeramente. El guión contiene a un personaje central perfectamente definido y completo, el cual resalta en comparación al resto de personajes ya que es el único que está escrito con tanta profundidad. Para el papel central, el director vuelve a recurrir a Tilda Swinton, protagonista también de su primer largometraje. La actriz inglesa (“Los límites del control”, “Quemar después de leer”) realiza una perfecta interpretación, cargada de matices y que transmite de una forma excepcional todas las complejidades de su personaje sin apenas moverse, empleando básicamente su mirada y un mínimo lenguaje corporal.
“Io sono l’amore” se encuentra perfectamente respaldada por la actuación de Tilda Swinton, un aportación extra altamente apreciable pero incluso sin ella, este filme seguiría siendo una experiencia cinematografía de alta belleza, estilo y una de las películas que vuelven a demostrar que toda la calidad de lo que se ha llamado cine de autor sigue conservando toda su fuerza en la actualidad. |