Este thriller psicológico entra con toda la crudeza y brutalidad en las cuestiones morales que quiere discutir sin realmente querer tomar partido pero sin huir de las consecuencias del escenario que ha planteado. Tortura, integridad, derechos humanos y la justificación por un bien mayor se encuentran plasmados con gran fuerza aquí, a pesar de que en algunos momentos el filme se pierda en aspectos narrativos. Samuel L. Jackson realiza una de sus mejores actuaciones de los últimos años, acompañado de una sólida Carrie-Anne Moss y un sobresaliente Michael Sheen.
Un ciudadano estadounidense convertido al Islam es detenido tras haber grabado un video en el que asegura haber colocado tres bombas nucleares en tres ciudades norteamericanas. Para poder encontrar la amenaza a tiempo, el ejército junto con el FBI recurren a un interrogador que no tiene límites, que utiliza cualquier método a su alcance para conseguir la información que necesita y la cual puede salvar la vida a millones de personas.
Dentro de la situación mundial actual, uno de los debates internos que hay en Estados Unidos es sobre los métodos de interrogación empelados por sus fuerzas de seguridad en personas que consideran que poseen información esencial. El uso de técnicas que se acercan y otras que cruzan la frontera delimitada por la tortura o los límites morales cuando hay un bien mayor que afecta a la vida de sus ciudadanos que actualmente una discusión pública entre sus ciudadanos sino también dentro de los propios organismos oficiales. En Europa la ética de estas acciones parece más definida pero no por ello esta película es menos valiente, ya que se dirige a su público local planteando todas estas cuestiones sin ningún tipo de tapujos.
Para hacerlo, esta película de Gregor Jordan (“Los confidentes”, “Ned Kelly”) opta por simplificarse tanto narrativamente como intelectualmente. Esta eliminación de complejidades es acertada en algunos aspectos para evitar justificaciones parciales de un argumento o desvíos en las líneas de pensamiento que presenta. El supuesto terrorista es ciudadano estadounidense, con lo que se eliminan ciertas consideraciones patrióticas y debería estar defendido por sus derechos y libertades personales, la amenaza de las bombas es real y su veracidad viene respaldada por el entrenamiento militar recibido por quien las ha hecho, con lo que una intervención firme de las fuerzas de seguridad es necesaria, las bombas son nucleares con lo que el daño que van a causar va a ser considerable, el responsable se deja detener con lo que el enfrentamiento entre él y las fuerzas que han de proteger sus ciudadanos es directo, etcétera.
Ello lleva a un escenario extremo pero que no deja subterfugio posible. Quien ha colocado los explosivos no va a confesar y el gobierno opta por torturarle. Su justificación, su moralidad, el límite hasta el cual ésta es aceptable según diferentes estándares y si cuando ésta fracasa hacer algo impensable éticamente para salvar la vida de millones de personas implica destruir muchos de los valores éticos del mundo occidental son cuestiones planteadas con crudeza en este thriller. En algunos momentos el filme parece desviarse de su objetivo, centrándose en la búsqueda de las bombas más de lo necesario en vez de volver a lo que ocurre dentro de la sala donde está sucediendo el interrogatorio.
La película se encuentra protagonizada por Samuel L. Jackson en el papel de interrogador. Tras unas apariciones menos destacables como en “Soul Men” o “The Spirit”, el actor entrega aquí una interpretación cargada de energía. Carrie-Anne Moss tiene el papel más complicado al ser la persona cuya moralidad es puesta a prueba y logra hacerlo con cierto convencimiento. Michael Sheen completa el trío protagonista como presunto terrorista, demostrando una vez más su excelente nivel interpretativo.
Secundada por un gran reparto, “Impensable” no es una película agradable de ver ni un amable entretenimiento, es gris y no es perfecta pero tiene la fuerza de ser directa, de no buscar excusas y exponer el debate que quiere plantear con toda la dureza y aspereza que también tienen los hechos que muestra y trata. |