El uso y trato estereotipado que hace de su componente homosexual es un recurso más que discutible y a pesar de los excesos en este campo, la película siempre sabe mantener un acertado tono humorístico y a la vez dramático. Es sin duda la mejor comedia de Jim Carrey de la última década pero más que gracias a su correcta labor y a la de Ewan McGregor, su co-protagonista, la gran baza de este filme es en la inverosímil historia real en la que se basa.
Steven Russell es un policía local felizmente casado que tras un accidente decide reevaluar completamente su vida. Se da cuenta de que es gay y de que quiere vivir su vida al máximo. Pero el estilo de vida que conlleva su decisión no es barato y para financiarlo inicia una serie de fraudes y timos que acaban llevándole a la cárcel. Allí conoce al sensible y tímido Phillip Morris y ambos se enamoran. Construyen una vida juntos cuando son puestos en libertad pero Stephen vuelve a hacer una estafa tras otra.
La pareja de guionistas John Requa y Glenn Ficarra, entre proyectos de discutible calidad como “Una pandilla de pelotas” y las dos partes de “Como perros y gatos”, consiguieron ajustar un descarado tono humorístico con cierto éxito en “Bad Santa”. En “I love you Phillip Morris” firman también la adaptación del libro en el que se basa y supone su debut en la faceta de dirección. Sigue siendo apreciable su tendencia a sacar punta de las situaciones e ir un poco más allá de lo que los grandes estudios consideran políticamente incorrecto, que lamentablemente hoy en día es prácticamente todo lo relacionado con la homosexualidad. Pero dentro de su estilo, la pareja de guionistas ahora convertidos en directores emplea la homosexualidad de sus protagonistas y todo lo que conlleva como un elemento cómico más, algo que no únicamente parece un uso fácil y a momentos grotesco sino que desprestigia todo el histrionismo, dramatismo e hilaridad que provoca el personaje central y sus acciones. Nunca hay que olvidar que todos los castillos de arena que crea este personaje, sus fugas de prisiones y sus inverosímiles timos son recreaciones de una historia real escrita por el propio Steve McVicker, encarnado en la película por Jim Carrey. En lo que hace y en su amor sin barreras es en donde reside toda la fuerza de esta historia, no en Jim Carrey contorsionando las caderas con una camiseta ajustada paseando a dos chigua guas. Cierto es que las tendencias del actor a la sobreactuación gestual son inevitables y exageran todavía aun más al personaje, pero dentro de ellas hay que destacar que Jim Carrey consigue divertir como no lo había hecho desde quien sabe cuando (es difícil decir una película divertida del actor excepto “La Máscara” (1994) y, curiosamente, las mejores interpretaciones de este actor conocido por su faceta cómica han sido siempre dramáticas, como en “Olvídate de mi” de Michel Gondry, “El Show de Truman” de Peter Weir, “El número 23” de Joel Schumacher o “Man on the Moon” de Milos Forman). Ewan McGregor (“Los hombres que miraban fijamente a las cabras", “Star Wars”) completa el reparto principal con un personaje mucho más medido y mejor compuesto, aunque luce mucho menos.
En “Phillip Morris ¡Te quiero!” siempre es más que evidente y extremadamente bienvenida la química que hay entre ambos actores, algo que ayuda a dar verosimilitud a esta alocada historia que siempre parece imposible que se base en una historia real. La película abusa de sus excesos a momentos, pero en todo momento sabe mantener su buen tono y afortunadamente nunca renuncia a su carga dramática, especialmente presente en su tercio final. |