Este popular mago se despide del cine con una octava entrega que culmina todo el viaje emprendido, proporcionando el final de una historia que se ha ido volviendo cada vez más oscura en un filme espectacular, de gran ritmo y que rompe el dicho de que las segundas partes no son buenas. A veces, como es el caso, las octavas son las mejores.
Sinopsis: Harry, ron y Herminone siguen buscando los Horcruxes restantes para poder destruir a Lord Voldemont, los cuales le permiten ser inmortal, cuyo poder parece haber aumentado tras haberse hecho con el poder de una varita especial, una de las tres reliquias de la muerte.
El hechizo que han creado las siete novelas escritas por J. K Rowling a lectores de todo el mundo es algo incontestable y que además ha dado lugar a una de las mayores sagas vistas jamás en la gran pantalla. Esta película es la octava de la serie y cierra casi 20 horas de metraje y prácticamente una década de aventuras. Si no se tiene en cuenta la saga de Star Wars, dividida en dos triologías separadas por un buen número de años, nunca se había visto semejante éxito en los cines de quintas, sextas, y séptimas partes. Por el camino no sólo ha crecido una historia si no también sus personajes, actores y una parte del público que, al igual que su protagonista Daniel Radcliffe que tenía once años cuando encarnó por primera vez al popular mago, lo despide habiendo entrado en la veintena. Con esta octava y última parte, se termina una historia en la que culmina el giro oscuro que adoptó la saga algunas películas atrás y justifica el viaje que se ha seguido con las siete películas anteriores, ya que presenta el gran clímax con espectacularidad y calidad, aunando historia, personajes y efectos especiales en la que fácilmente puede considerarse como la mejor entrega de Harry Potter.
Inicialmente podría parecer que la decisión de adaptar el último libro de la saga en dos películas en vez de en una sola tal y como era la costumbre podría haber obedecido a una intención de alargar la fábrica de dinero que es supone cada filme del joven mago. La primera parte de "Harry Potter y las reliquias de la muerte" era un paso adelante en tono, tensión e escenario pero a la vez suponía una frustración, ya que terminaba dando la sensación de que lo mejor estaba por llegar y lo visto en esa entrega era más bien un preámbulo. Esta segunda parte certifica esta impresión, ya que el filme explota visual y narrativamente, consiguiendo la aventura más absorbente de Harry Potter.
Esta valoración viene siempre provocada por haber recibido gratamente el giro tenebroso de la saga, algo visto como una traición por parte de sus seguidores y que hace menos accesible para el público infantil las adaptaciones cinematográficas. Aquí la sensibilidad infantil ha desparecido por completo y los guiños al niño que fue son mínimos. Harry Potter y las películas se han hecho adultas con los años y su conclusión es un exponente de ello pero ello no quita que parte del encanto que tenía la primera parte se haya perdido por completo.
La película cierra la historia con relativa limpieza, cerrando muchos de los círculos narrativos que había creado y volviendo para el acto final a la escuela, algo que no podría ser más apropiado. El desarrollo de la trama no depara excesivas sorpresas y es bastante lineal, incluso previsible. No obstante, el director David Yates le da al filme un excelente pulso cuando es necesario y sabe llevar las escenas más emotivas, lo cual subsana cualquier vacío del guión. Además el filme cuenta con unos destacados efectos especiales y un buen uso del 3-D, algo poco común recientemente.
Muchos fans criticarán los cambios argumentales, especialmente en las últimas escenas, y también es criticable cierta cursilería en los diálogos y poco interés en desarrollar las relaciones entre personajes secundarios pero existe la limitación de dos horas de metraje, cuyos ciento veinte minutos suponen una épica conclusión para una saga que no se había hecho interminable y que finaliza con su mejor adaptación. |