Lo que podría haber sido una gran película especialmente gracias a la excelente actuación de su protagonista Kristin Scott Thomas, queda empobrecida por una ambivalencia narrativa que le hace perder el núcleo dramático de la historia.
Juliette es una mujer que ha pasado quince años en prisión, completamente abandonada por los suyos y el mundo durante ese tiempo. Al salir, es acogida en casa de su hermana a quien no había visto en todo este tiempo. La inmersión dentro de la familia de su hermana así como los primeros pasos que emprende para desarrollar una vida normal, hacen que empiece a salir de sí misma y a la vez relatar poco a poco los motivos que la llevaron a cometer su crimen.
Gran parte del guión de esta película es sólido pero contiene, y además le da demasiada importancia, una innecesaria línea argumental. La historia de reinserción y adaptación en la vida rutinaria tras quince años en prisión queda desmerecida por la sobrante necesidad de justificar moralmente el pasado del personaje. Al final, todo se centra más en saber el motivo por el cual cometió su grave delito que en la realidad del personaje. Al hacer esto, la historia pierde toda su fuerza. No obstante, Kristin Scott Thomas construye perfectamente un complejo personaje y lleva todo el peso del filme con facilidad gracias a su excelente actuación. Esta interesante historia, que podría haber sido más valiente en cómo tratar a un personaje central magníficamente actuado, queda muy limitada al final por el empeño en centrarse en un hilo narrativo innecesario, sólo para contentar al público de forma fácil. |