A partir de un guión extremadamente convencional que emplea todo los clichés posibles, el director Nimród Antal dirige con gran pulso y tensión, consiguiendo que sea un inesperado y notable thriller de terror en su primera mitad. En su segunda parte, los convencionalismos y una resolución cada vez más fácil lastran este filme, en el cual Kate Beckinsale vuelve a dar una muestra de su solidez y Luke Wilson sufre para ser creíble fuera de una comedia.
Un matrimonio que no está travesando por su mejor momento se encuentra circulando por pequeñas carreteras, completamente perdidos y en mitad de la noche. Finalmente su coche se estropea pero cerca del lugar donde éste se detiene encuentran un motel donde pasar la noche. Su pesadilla realmente empieza cuando se dan cuenta de que en su habitación hay un buen número de cámaras de video y que a menos que consigan escapar, serán las nuevas víctimas de una película snuff.
Tras el éxito que supuso su primera película, “Kontroll”, con la cual incluso recibió un galardón en Cannes, Nimród Antal (“Blindado”, “Predators”) volvió a hacer sus maletas y regresó de Hungría rumbo a Estado Unidos. Su primer proyecto en Hollywood es un cruce entre thriller y terror en el que el director demuestra su habilidad, haciendo medianamente entretenida una película que cuenta con uno de los guiones menos inspirados de los últimos años. Todo en la historia del guionista Mark L. Smith es tan sencillo que roza en demasía la mediocridad. Con un argumento como el planteado, era esperable que la historia tuviese en algún momento un punto de originalidad o un mínimo de sorpresa, pero no es así. Aun con este material de base, esta convencional cinta tiene una gran dos de tensión y atmósfera y ello es gracias al trabajo de su director. Dirige con pulso su primera mitad pero cuando la trama se convierte finalmente en una monotonía, ni aunque ponga a todos los personajes corriendo consigue animar la función. Dentro de su labor, también es especialmente destacable el cómo ha conseguido tensionar y crear una historia que parece pedir sangre sin apenas recurrir a ella.
Dentro de lo que es el género de terror, el filme cuenta con unos actores más conocidos de lo que es habitual ver en este tipo de cintas. Kate Beckinsale (“Whiteout”, “Underworld”) cumple perfectamente con su rol, certificando que a pesar de que pocas veces tiene un realmente rol interesante, sea en un drama, un thriller, un filme de época o de acción, la actriz es siempre una garantía. No se puede decir lo mismo de su co-protagonista, Luke Wilson (“Un funeral de muerte”, “Mi super exnovia”), quien fura del género de la comedia nunca parece sentirse excesivamente cómodo. Frank Whaley (“Pulp Fiction”, “Red Dragon”) es el secundario encargado de proporcionar el miedo aquí y su interpretación es notable.
Gracias a sus actores y especialmente a su dirección “Habitación sin salida” consigue tener una corrección y el nivel necesario para resultar en un aceptable thriller, aunque no acaba resultando plenamente satisfactorio al no contar con un guión que lo permita. |