A medio camino entre una comedia de pocas palabras y un drama ligero, esta película de Noah Baumbach sobre la aceptación de la vida adulta tiene algo especial aunque también mucha obviedad. Su sencilla historia siempre discurre de manera fácil aunque no por ello deja de ser una interesante reflexión y que cuenta además con un destacado Ben Stiller, quien demuestra que es capaz de desenvolverse mejor en este tipo de roles que en incluso los puramente cómicos.
Roger Greenberg se acaba de mudar de Nueva York a Los Ángeles y aterriza en la casa de su hermano mientras él está de vacaciones en Asia con el resto de su familia. Roger, con cuarenta años, se encuentra en un impase vital, ya que no sabe qué hacer exactamente con su vida. Aislado prácticamente del mundo, Roger reconecta con un viejo amigo y empieza una amistad con la asistente de su hermano.
Noah Baumbach es un director que sabe moverse perfectamente en esa línea que separa una película dramática y una comedia que prácticamente no tiene ni tono ni ritmo, tal y como lo hizo en “Una historia de Brooklyn” y “Margot y la boda”. “Greenberg” es una sencilla y madura película en la que prácticamente no hay guión y que además emplea a un personaje principal incapaz de crear ningún tipo de empatía. Pero sorprendentemente, este protagonista si logra que uno se identifique con él y especialmente consigue que se le entienda perfectamente, que se vea todo su enfado con él mismo y con el mundo de una manera humana y clara. Lo que le sucede en el filme es obvio y previsible, siendo el guión escrito por el propio Noah Baumbach y su esposa, Jennifer Jason Leigh, una mera excusa para mostrar a un personaje el tiempo suficiente como para que el espectador pueda ver todo lo que lleva dentro. Este trabajo recae únicamente en el actor Ben Stiller (“Directo a la fama”, “Noche en el museo”), alguien especialmente marcado por sus no siempre demasiado logradas comedias pero que ocasionalmente deja ver que puede hacer mucho más, tanto delante de la cámara como en la silla de director. En esta ocasión, su exteriorización de su personaje es tan contenida como perfecta, siendo esto lo mejor del filme. Greta Gerwig y Rhys Ifans completan el reparto, complementando de forma notable tanto el tono como las necesidades del personaje de Greenberg.
Este filme es básicamente un ejercicio actoral del que Ben Stiller no solo sale airoso si no logra aportar algo interesante y merecedor de ser visto, pero esta crisis personal al llegar a los cuarenta se hubiese beneficiado mucho de tener algo más que decir o de una historia que aportase algo más tanto a los personajes como a la propia película, ya que siempre se siete la sensación de que le falta algo de substancia. |