A pesar de que la campaña de marketing y que la evidente conexión entre el director Paul Greengrass y Matt Damon parecen prometer una película que sigue la estela de la triología de Bourne, “Green Zone” demuestra ser un filme de acción inteligente, sólido y con una gran carga política. Aunque este último elemento podría haberse llevado a un nivel más alto, consigue hacer interesante esta cinta sobre la guerra de Irak y darle la intencionalidad necesaria.
El soldado del ejército estadounidense Miller en Irak sospecha que la información que proporciona el servicio de inteligencia sobre la ubicación de las armas de destrucción masiva tiene graves carencias y es completamente defectuosa. En todos los lugares en los que deberían estar, nunca encuentran nada y cada incursión supone un riesgo para la vida de los soldados bajo sus órdenes. Miller entra en contacto con un agente de la CIA en la zona, quien piensa que hay algo encubierto en las acciones del delegado de inteligencia de Washington en Irak y quien a través de Miller intenta descubrir la verdad.
Tras sus dos películas juntos, “El mito de Bourne” y “El ultimátum de Bourne”. El director Paul Greengrass regresa al cine de acción junto con el actor Matt Damon en una película que parece tener el mismo patrón, un soldado va en contra del sistema buscando descubrir una verdad. Pero a pesar de la evidente intención comercial de vender “Green Zone” a través del recuerdo de la gran triología de Bourne y de la facilidad que ello supone, los dos proyectos presentan enormes diferencias temáticas, de estilo y de propósito. Bourne era puro cine de entretenimiento, estilizado y de notablemente bien hecho. “Green Zone” es una película que es movida por secuencias de acción rodadas con la intención de resultar verosímiles, con personajes realistas y con un guión que contiene un gran elemento político y de crítica a las motivaciones de la guerra de Irak. Si bien es cierto que las implicaciones del gobierno estadounidense nunca son desarrolladas todo lo que se podría y quedan demasiado contenidas la representación en un único personaje interpretado por Greg Kinnear, esta película tiene una intención de denuncia y para ello, emplea aspectos formales del cine de entretenimiento, pero no al revés. Pero si en algo peca el buen guión de Brian Helgeland es de obviedad en varios aspectos. Hoy en día es fácil intuir la verdad sobre las armas de destrucción masiva con lo que resulta evidente hacia dónde se tiene que dirigir la trama y ésta es en parios puntos demasiado previsible, aunque una gran línea de diálogo justifique perfectamente su momento más predecible y que en vez de arruinar la película, le da todo su sentido.
“Green Zone” es una película con tensión, gran sentido del ritmo y con un desarrollo al modo de un buen thriller de acción, algo que encaja perfectamente con el pulso y el estilo del director Paul Greengrass pero al igual que con otra película de su filmografía, “United 93”, en el centro de la historia está una idea con peso desarrollada con inteligencia. |