Tras la interesante premisa moral sobre la participación de ciudadanos corrientes en el partido nazi a medida que éste se hacía más importante en Alemania, se encuentra una película incapaz de analizar su propia pregunta y consecuencias. El peso del filme recae en los hombros de Viggo Mortensen y su personaje, quien resulta hueco, falto de complejidad y se demuestra incapaz de representar el dilema moral, social e intelectual al que la historia sometió a muchos ciudadanos alemanes.
John Halden es un profesor de literatura decente y con una vida normal que vive con su mujer demasiado ausente, sus dos hijos y su madre que padece demencia senil mientras que él intenta acabar su novela en la que defiende la eutanasia en casos terminales. El partido nazi se fija en su libro y le pide que escriba un pequeño texto de propaganda siguiendo el planteamiento de su libro defendiendo la eutanasia en los momentos en los que pueda ser visto como un acto de humanidad. Progresivamente y de forma aparentemente inocente va involucrando progresivamente en el partido mientras que la relación con su mejor amigo, un judío psicoanalista, se va resintiendo.
Esta película del director Vicente Amorim pone sobre la mesa una cuestión muchas veces olvidada cuando se ha tratado la Alemania nazi y el holocausto del pueblo judío. La implicación y participación de los propios ciudadanos alemanes, de la gente normal y de sus intelectuales que no se opusieron al huracán que supuso Hitler y sus seguidores y quienes, de una forma u otra, se vieron arrastrados en la misma dirección. El conflicto moral, de ideas, el miedo y el dejarse llevar son elementos presentes en el personaje central de “Good” pero a pesar de su intento de tratarlos con sutileza, únicamente consigue plasmarlos de forma demasiado fácil y sin ahondar ni en sus implicaciones ni tampoco en la psique del personaje. El actor protagonista, Viggo Mortensen, da la apariencia de ese hombre corriente que se ve inmerso casualmente en el partido nazi pero el actor se queda a medio camino en la exploración de su personaje. Nunca asistimos a un momento de verdadero razonamiento de sus acciones o a un intento de mostrar con algo inteligencia el conflicto del personaje. Al contrario, este parece vacio a pesar de ser un intelectual y excesivamente débil de carácter, al que nada parece realmente importarle. Difícilmente se le puede calificar de ejemplo del grupo social que quiere representar. Además Mortensen pierde en cada escena el duelo interpretativo con su compañero de reparto Jason Isaacs, haciendo que uno se pregunte si no deberían haber hecho la película con Jason Isaacs sobre este doctor judío, héroe de guerra alemán que se niega a salir corriendo de su país.
“Good” es una película que podía haber resultado extremadamente interesante, pero su falta de desarrollo en múltiples aspectos junto con una grave carencia de desarrollo inteligente hacen que parezca más una caricatura que un intento real de reflexión, aunque el peso de sus actores junto con su intento de hacer algo más que un mero cine espectáculo consiguen levantar algo de interés. |