Una comedia romántica con todos sus defectos: extremadamente previsible, fácil, con personajes estereotipados y excesivamente dulce pero que cuenta con una virtud: en el fondo es divertida y eso es gracias a Ricky Gervais.
Un dentista que fallece durante siete minutos regresa a la vida con la habilidad de ver a los fantasmas que deambulan por la ciudad. Cuando éstos se dan cuenta, le piden su ayuda para solucionar los asuntos que tienen pendientes en este mundo y así poder cruzar al otro lado. Pero el problema es que el protagonista, interpretado por Ricky Gervais, es completamente esquivo, huraño, grosero y que evita todo contacto con la gente. Cuando por la insistencia de uno de los espíritus accede a una única asistencia, los sentimientos hacia la viuda del difunto afloran e inicia un cambio en su persona.
El corazón de esta película es de comedia romántica. Lamentablemente en la elaboración del guion se ha seguido la típica fórmula que Hollywood tiene para este tipo de cintas. No contento con el resultado, todavía se han simplificado más a los personajes y se ha hecho la historia más predecible de lo habitual. Además el componente sobrenatural está completamente desaprovechado y es un mero recurso del guión para justificar unainverosímil transformación. Únicamente la empatía natural del protagonista y el correcto trabajo de los secundarios justifica su interés y permite visionarla con una sonrisa. Esta película está ya producida desde su inicio para poderla encasillar dentro de la más extrema categoría de comedia romántica fácil de palomitas que existe y que además sirva como vehículo de lucimiento en Estados Unidos del cómico inglés Ricky Gervais, quien consigue salvar el filme a pesar de la extrema mediocridad del guión. |