Del siempre interesante director Michael Winterbottom, llega esta sencilla película sobre sentimientos y pérdidas, rodada de forma honesta y sin artificios que, a pesar de parecer que no va a ningún sitio, presenta a unos personajes y su situación perfectamente.
De forma inocente, una niña provoca un accidente en el que fallece su madre. El padre decide mudarse con las dos hijas a la ciudad de Génova, en Italia, durante un periodo de un año para así intentar salir de la situación. Durante el proceso de curación del trauma, la hija mayor irá descubriendo su sexualidad en su adolescencia, la pequeña empezará a ver el espíritu de su madre para que la perdone y el padre procurará centrarse en ellas y salir adelante.
La película, tal y como está concebida, no es más que una ventana a la vida de estas personas, una consecución de varios días en sus vidas. Rodada de forma realista, contenida, cámara en mano y como si el espectador estuviese casi al lado de los personajes, Michael Winterbottom nos muestra a las tres figuras de esta familia con su dolor y cómo inician de nuevo sus vidas. En el fondo, el filme no tiene un argumento en sí y el final de la película no es el fin de la historia, pero esta película trata más de ahondar en el crítico momento de cada uno de sus personajes que de relatar una situación que desemboque en una conclusión. En este aspecto la película funciona y su ritmo pausado, que se podría mal interpretar en una gran lentitud en su desarrollo, es necesario para poder entrar de forma veraz dentro del momento que relata, consiguiendo así crear perfectamente personas reales en vez de meros personajes. La actuación de Colin Firth, y especialmente la de las dos hijas Perla Haney-Jardine y Willa Holland, complementan la dirección en conseguir esta atmósfera. |