Los excesos interpretativos de Nicolas Cage encuentran aquí su perfecta justificación, un filme al estilo grindhouse que no logra ser tan malo como los mejores títulos del género ni tan bueno como las recientes muestras. Sus injustificadas grandes dosis de violencia, sangre y acción no son el gran problema de esta película en comparación al enorme lastre que supone un pésimo guión y una gran falta de energía en su tramo final.
Milton se ha escapado del infierno con el objetivo de ejecutar su venganza sobre el líder de un culto satánico responsable del asesinato de su hija. En su camino se topa con Piper, una camarera con coche pero sin tener a donde ir, quien se une a su viaje. Mientras se aproximan a su objetivo, Milton es perseguido a su vez por la figura del contable, alguien con poderes sobrenaturales al servicio de Lucifer cuyo objetivo es devolverle al infierno.
Especialmente en los años 70, varias películas englobadas dentro del género grindhouse y alguna variante de los llamados explotation justificaban la peligrosa máxima de que “era un filme tan malo que hasta era bueno”. Básicamente estos filmes siempre tenían los mismo ingredientes: mucha violencia, sangre, posiblemente algo de gore, mujeres desnudas sin venir a cuento, terribles actuaciones, un guión de risa y bastante sinsentido. Recientemente se han vuelto a ver muestras de este género, más en forma de homenajes, que reivindicaban un estilo que tuvo su extraño atractivo. Quentin Tarantino y Robert Rodriguez han sido los padrinos de este resurgimiento al que Patrick Lussier, director de esta cinta, se ha apuntado sin ser realmente un alumno aventajado. Y es que se tiene que saber realmente qué se está haciendo cuando uno quiere hacer una película divertida y entretenida que tenga aspecto de telefilme de las cuatro de la madrugada ya que si no, y con bastante facilidad, el resultado puede ser simplemente una mala película.
Esta “Furia ciega” no hay que confundirla con el particular y cuestionable remake estadounidense del mismo título protagonizado por Rutger Hauer de la clásica figura japonesa de “Zatoichi”, aunque el resultado en términos generales es parecido. Aquí se emplean los elementos del grindhouse sin disimulo y con toda la fuerza que puede. La primera escena ya marca como van a ir los tiros, con un Nicolas Cage sobreactuando como solo él puede, entregando violencia sin sentido y mucho ruido de motor. En su estilo, el filme se aguanta con cierta decencia hasta que el guión ya se muestra demasiado estúpido y toda la energía e interés que pueda haber generado decaen estrepitosamente en su tercer acto, sencillamente un aburrimiento.
Hasta ese momento la película entrega lo que se espera de ella, algo que difícilmente va a querer ser visto por un gran sector del público pero quién vaya buscando ver en una superproducción todos los excesos posibles no va a quedar defraudado. Otra cuestión es que el filme no bordee siempre la frontera entre pretender ser un mal filme y en realmente serlo desde el primer minuto y que se hunda cuando llega el momento de la verdad. Solo hay un elemento que destaca desde el principio y que se mantiene a un enorme nivel y es el actor William Fichtner, el contable y como no, tal y como van los tiempos, mano derecha del diablo.
El resto de actores como el propio Nicolas Cage, Amber Heard o Billy Burke poco pueden hacer con el material que tienen entre manos pero Fichtner resulta magnético, divertido y perfecto en su rol. Él se mantiene a salvo de la zozobra del guión y del contagio de las sobreactuaciones de sus compañeros de reparto. Teóricamente uno de los grandes atractivos de este filme es la tecnología 3D, un exceso más que aquí va con el estilo de la cinta pero el que entrega un argumento más a favor de que las tres dimensiones poco tienen que ofrecer a menos que James Cameron se siente en la silla de dirección.
“Furia ciega” parece a momentos una película 2D reconvertida a la tridimensionalidad, como “Furia de titanes”, aunque está rodada con cámaras de última tecnología, realzando el efecto de mala película en un aspecto que su director no pretendía, algo que sucede con bastantes de sus escenas y partes. |