Con imaginación y cierta inteligencia, realidad y fantasía colisionan en esta película de forma coherente. Su ambición de ser un drama logrado pero diferente se cumple con creces, a pesar de que algunas de las historias requerían mayor exploración.
Un vigilante enmascarado de una ciudad futurista en la que la creencia en una religión es obligatoria, sea ésta cual sea, persigue a un peligroso líder de un culto. En el Londres actual, un joven es abandonado por su novia pocos días antes de casarse y, por casualidad, se reencuentra con un amor de juventud. Otra joven es una estudiante de arte con problemas psicológicos que grava, como parte de un proyecto artístico, sus intentos de suicidio. Y un padre busca por Londres a su hijo, un soldado veterano de la Guerra del Golfo, que ha desaparecido sin dejar rastro.
La combinación de narración realista con elementos de fantasía es al principio chocante pero funciona. La película se adentra en la unión de realidad, ficción, ilusiones e imaginación con unas sugestivas ideas, algunas desarrolladas con mayor acierto que otras. Gerald McMorrow, quien firma el guión y dirige la cinta, realiza una propuesta interesante y con excesivo potencial. Esas grandes posibilidades que tiene el filme juegan también en su contra, ya que la película pretende ser demasiado ambiciosa y no puede tener éxito en todos los niveles que plantea. Una de las historias principales queda demasiado perdida y superficial. Además, una mayor exploración del imaginario que ocasiona la unión a de ambos elementos de ficción y realidad hubiese sido bienvenida. “Franklyn” cuenta con una notable estética en su historia futurista y con un grupo de actores encabezado por Eva Green y Ryan Phillippe quienes consiguen dar una gran verosimilitud a sus personajes, tarea nada fácil en una película como esta. A pesar de que este intrigante debut de Gerald McMorrow hubiese podido pulir más algunos aspectos, no deja de ser una muestra inteligente e imaginativa de un tipo de cine diferente. |