Una película de intrigas con toques de espionaje que nunca llega a ser tan interesante como su estética y elenco de actores. El guión es demasiado insulso y carente de una trama con el suficiente suspense y complejidad como para conseguir mantener la atención del espectador durante todo su metraje.
Tras una última misión fallida, dos espías de la RFA son obligados a salir del servicio secreto alemán. Uno de ellos adopta a la hija de una confidente muerta por su culpa y se instalan en Barcelona. Allí abren un restaurante y rehacen su vida. Veinte años después, unos antiguos compañeros reaparecen buscando atar los cabos que quedaron sueltos tanto tiempo atrás y que afectan a un importante grupo de gente con gran poder en la actualidad.
Esta historia de un pasado turbulento regresando y afectando a las vidas presentes a dos antiguos espías y la hija opta rápidamente por una evolución poco interesante. Nunca pretende hacer un estudio de los personajes e intenta crear una cinta de intrigas y suspense con un guión que nunca se lo permite. La historia es demasiado simple y no va más allá de saber si el protagonista hizo algo o no en el pasado. Todas las implicaciones políticas, el destino de tantos agentes sin trabajo tras la caída del muro y de la unión soviética o la influencia de grupos de poder en la actualidad son elementos altamente interesantes que se mencionan en la historia pero que son desarrollados. Desde el primer momento, el filme parece haber optado por la simplificación y pasar de largo de cualquier punto que permita una exploración de mayor complejidad. El filme cuenta con unos excelentes valores de producción y la riqueza de una coproducción europea que lamentablemente está desaprovechada. Aparte de una buena adaptación de la novela en la que se basa, “Flores negras” tiene buenos elementos de cine de intriga, incluyendo un notable grupo de actores, una ajustada fotografía y una atmósfera mucho más rica que su vacua historia. |