Con sencillez narrativa pero con una alta dosis de humanidad, el director Oliver Hirschbiegel presenta este pequeño y admirable drama de reconciliaciones perfectamente sustentado por sus dos actores protagonistas, Liam Neeson y James Nesbitt. Ambos proporcionan holgadamente todos los matices y toda la profundidad que sus personajes y su situación requieren.
Con diecisiete años, Alistair Little se afilió a la facción leal a Inglaterra en Irlanda y cometió su primer asesinato delante de Joe Griffin, hermano menor de la víctima. Treinta años después y a través de un programa de reconciliaciones, ambos se conocerán por primera vez. Pero el crimen ha marcado completamente la vida de ambos, llenándolas de sentimientos de culpabilidad, rencor y un vacio que no ha permitido a ninguno de los dos superar el evento a pesar de que Alistair cumplió doce años de prisión por el crimen.
Si en algo han destacado los grandes títulos de la filmografía del director de este filme, Oliver Hirschbiegel, es que siempre ha sabido centrarse y dar peso a los personajes, sus personalidades y sus complejidades, como en la impactante “Das Experiment”, la impresionante “El hundimiento” e incluso en la fallida “La invasión”. Con “Cinco minutos de gloria” y con un metraje que no llega a los noventa minutos, el director se centra en dos únicos personajes y en toda la carga que arrastran. Lo hace sin malabarismos dramáticos ni exageraciones sino con una apariencia de honestidad encomiable. Cierto es que el guión se queda algo corto en su tramo final, no por falta de profundización en los personajes sino por falta de tiempo, quedando excesivamente rápido el desenlace. Pero a pesar de que el guión no sepa construir perfectamente un escenario para el encuentro final, lo que sí hace de forma notable es confeccionar a las dos personas que retrata. La película se aproxima a cada uno de los dos protagonistas de forma diferente que en ambos casos es la adecuada, en el caso de Joe nos introduce prácticamente dentro de su mente y en el de Alister es un proceso inverso de fuera hacia dentro. El director siempre cede todo el peso del filme y todo el protagonismo a sus dos actores, quienes gracias a su capacidad y talento hacen posible que resulten creíbles y llenos de verosimilitud. Liam Neeson, quien curiosamente interpretó al líder independentista Michael Collins y aquí cambia de bando, es perfecto como hombre resignado a aceptar su pasado y con ello toda su tristeza, interpretando de forma sobresaliente al arquetipo de hombre roto. Pero es James Nesbitt quien a pesar de su aparente histrionismo hace una labor magistral, pasando de la angustia al pánico o al miedo en menos de un segundo y siempre con coherencia e inteligencia.
“Cinco minutos de gloria” dista de ser perfecto pero es un filme humano, honesto y una muestra de que se pueden contar importantes historias con toda su carga emocional con contención, inteligencia y medios limitados, únicamente necesitando una adecuada labor de dirección y unos actores que entiendan perfectamente a sus personajes. |