Con un inicio interesante pero no original, este drama rompe a mitad de metraje todo lo positivo conseguido hasta ese momento con un innecesario y forzado giro de guión. A partir de ahí, el interés por esta película de presupuesto limitado se va perdiendo progresivamente a medida que avanza la acción.
Un joven trabaja en un periódico escribiendo necrológicas. Un día ve una esquela publicada con su propia firma y asiste al entierro. Allí conocerá una famosa actriz con la que hay una conexión inmediata. Ella ha decidido retirarse tras finalizar las representaciones teatrales de una obra y el joven sueña con ser escritor. A partir de varios encuentros, su amistad se va haciendo cada vez más fuerte así como la fascinación que él siente por ella.
Lo que podría haber sido una interesante historia de dos personas de distinta edad y con distinto bagaje que encuentran en el otro lo que necesitan para llenar un vacio interno queda desvirtuada a la media hora. Con una sorprendente revelación, “Entre esquelas” se vuelve en un superficial drama familiar. El resto de la historia se desarrolla de forma anodina. La película cuenta con un elemento positivo que destaca por encima del resto y es la actuación de Marisol Membrillo, la actriz protagonista. Su nivel interpretativo sobresale y contrasta con la poca calidad de su producción y tono narrativo. Su nivel técnico, con malos encuadres y graves fallos de iluminación entre otros defectos, está al mismo nivel que su falta de convencimiento dramático al narrar las escenas más complejas que contiene el filme. Los pocos medios con los que cuenta esta película no deberían resaltar tanto pero se acentúan cuando a mitad de metraje se pierde el interés por la historia, ya que lo único que queda de interesante en la pantalla es la notable actuación de su actriz. |