Sin mucha capa pero con espadas, brujería y otros elementos malignos, el realizador Dominic Sena regresa para dar más argumentos que sus ausencias en la dirección de filmes son más que justificadas con una cinta que no destaca especialmente dentro del subgénero de serie B en el que cae por su propio peso, aunque tampoco resulta difícil verla. Nicolas Cage es la cabeza de cartel y no aporta nada especial, dejando que Ron Perlman destaque con facilidad en un filme que se encuentra dominado por la mediocridad.
Behmen y su fiel compañero de armas Felson son dos caballeros de las cruzadas que desertan tras perder su fe no en dios sino en la iglesia que libra guerras en su nombre. Al regresar a su tierra, ésta se encuentra en plena epidemia de la peste negra. Un cardenal les pide que lleven a una joven a un monasterio para practicar un rito especial, ya que la chica ha confesado bajo tortura ser una bruja y la causante de la plaga que azota la región.
Un caballero medieval y su fiel compañero regresan de las cruzadas a su tierra natal y se encuentran que la peste negra está causando graves estragos en la población. Este planteamiento puede crear cierta sensación de deja vu, ya que es el que empleó Ingmar Bergman en “El séptimo sello”. El clásico de 1957 es aparentemente una de las inspiraciones confesas de “En tiempo de brujas”, supuestas declaraciones por parte de su director que cuestan de creer y, de ser ciertas, demuestran hasta qué punto se pueden llegar a hacer tonterías cinematográficas. Siendo suaves, el realizador Dominic Sena (“Whiteout”, “Operación Swordfish”) no es que haga un cine muy pensado y, definitivamente, Nicholas Cage no es Max Von Sydow. El ligar ambas película en una misma frase es en el fondo comparar una de las mejores películas de la historia con un subproducto de serie B y ello no hace justicia a ninguna de las dos. Con los pies más en la tierra, Nicolas Cage declaró que uno de los modelos que él tomó fueron películas de Roger Corman y Vincent Price, aunque la comparación sigue conteniendo demasiados aires de grandeza por parte de “En tiempos de brujas”.
Dominic Sena no es siempre un mal director y parece haber sido incluido en alguna lista negra en Hollywood, que tan populares fueron en una época. Tras triunfar en el mundo de los videoclips, Sena debutó con el apreciable film “Kalifornia”. Nada más hasta siete años después, cuando volvió con la cuestionable cinta de acción “60 segundos”. Al año siguiente rodó la demasiado exagerada pero con algunos buenos momentos “Operación Swordfish”, que le valió una desaparición de la silla de director durante otros ocho años, hasta su anterior filme “Whiteout”. Peores directores siguen contando con la confianza de los grandes estudios. Lamentablemente, esta es seguramente su peor película hasta la fecha, no solo por el desarrollo plano de un guión insípido sino también por su falta de habilidad para generar un mínimo de tensión en una película que la pide a gritos.
Para el rol central el director ha contado con Nicolas Cage, con quien ya trabajó en “60 segundos”. El actor estadounidense ya parece aceptar casi cualquier papel, dados los conocidos problemas económicos que atraviesa y, si sigue así, corre el riego de acabar como su compañero de profesión Cuba Gooding Jr, quien también ganó un Óscar y hoy en día lidera el mercado de películas de serie B.
“En tiempos de Brujas” tiene todo el aroma de este subgénero cinematográfico y cuenta con todos los ingredientes necesarios. El principal, su guión, sencillamente mediocre. La combinación de sobrenatural, medievo y buddy movie podría ser altamente atractiva pero aquí es anodina. La trama no es especialmente intrigante y la dirección de Sena potencia este hecho. A ello hay que añadir la sosa presencia de Cage y la poca utilización de mejores actores como son Ulrich Thomsen o Christopher Lee, haciendo que Ron Perlman sea con facilidad lo mejor del filme.
Decir que “En tiempos de brujas” es una pésima película es un poco exagerado ya que no aspira a ser mucho más que una cinta de entretenimiento de pocas pretensiones. No tiene nada especialmente destacable pero se deja ver, casi por inercia y por los correctos valores de producción que proporcionan un presupuesto de 40 millones de dólares, aunque a pesar de este despilfarro se puede considerar con justicia a este filme simplemente como un pasable muestra del cine serie B. |