Isabel Coixet intenta hacer creer que el guión encierra más sustancia de la que realmente, rodando una película de personajes mostrados de forma unidimensional y con poca profundidad en su evolución.
Un profesor universitario de crítica cultural vive absorbido en su mundo de relaciones pasajeras sin que en ninguna de ellas se involucre emocionalmente. Seduce y entabla un romance con una de sus estudiantes, situación que él toma como temporal y condenada al fracaso por la diferencia de edad. Su planteamiento y emociones cambian cuando ve que, progresivamente y genuinamente, ella se enamora de él y la considera una relación con futuro.
Aparte de que es improbable creerse de entrada al personaje de Penélope Cruz, ya que pretende ser una cubana-norteamericana con su acento nada disimulado de España, “Elegy” peca de mala adaptación. Las imágenes y gestos que Coixet plasma en la pantalla no tienen la misma profundidad que las palabras de Philip Roth sobre el papel. Los personajes quedan planos además de muy limitados, y las contenidas actuaciones de Ben Kingsley y Cruz no ayudan a darles ni emociones ni calado. Por suerte, se pude adivinar que el material original de Roth tiene más trascendencia que la historia que el filme muestra. Pero los únicos pilares sólidos de esta película son sólo los atrayentes nombres propios con los que cuenta "Elegy", la cual pretende ser más profunda e interesante de lo que permite la adaptación hecha. |