Con un planteamiento totalmente dramático, la película logra no sucumbir a la facilidad tanto narrativa como emocional y entregar una historia imperfecta pero interesante, iluminada por una actuación central completa y llena de matices.
Blanca es una madre soltera a quien le comunican que su hija pequeña sufre leucemia y tiene que ser ingresada para recibir tratamiento. Encerrada en sí misma, poco a poco su relación con su hija y con otras personas cercanas a ella que también sufren evoluciona, mezclando esperanza y frustración.
En muchas películas, una de las labores más complejas e importantes es hacer que la situación dramática que se presenta resulte creíble y primordialmente que conecte con el espectador. La creación de este vínculo emocional entre quien la está viendo y quien está en pantalla por lo que le está sucediendo es lo que logra que un filme dramático logre transmitir toda su carga. Pero hay ciertos temas y situaciones en los que muchas veces la aproximación tiene que ser mucho más cuidadosa, ya que se puede impactar de forma fácil y manipuladora. En función de cómo se muestren, del tono que se emplee y de la obviedad con la que se traten, el dolor por la pérdida de un hijo, la violencia doméstica, una violación o el acoso escolar entre otros temas conseguirá su objetivo conmovedor pero ello no querrá decir que se haya hecho con inteligencia o incluso sensibilidad. El tener una hija pequeña con leucemia, como es el caso de este filme, es una de estas realidades desgarradoras pero que cinematográficamente pide más contención y sobriedad que dramatismos demoledores.
En ésta, su ópera prima, el realizador Paco Torres intenta combinar la emocionalidad presente entre madre e hija inmersas en el tratamiento contra el cáncer con momentos tanto esperanzadores como más placenteros. Básicamente dos hilos argumentales se entremezclan, ambos cargados de realidad social pero tratados con dos tonos completamente distintos. Si bien la historia de Blanca es el tronco argumental y dramático del filme, el hilo narrativo de los dos indigentes es lo que proporciona la luz a esta historia. El estilo de ambas narraciones no encaja con armonía, logrando que el filme pierda realismo y fluidez, pero se agradece la apuesta por la sensibilidad y la sutileza, ya que muchas veces es más importante el uso de la paleta de colores, la música y la iluminación que el diálogo propiamente dicho.
La actriz Patricia García Méndez destaca dentro de este filme con una interpretación llena de solidez y perfectamente ajustada. Su trabajo seguramente es lo más interesante de esta película, la cual trata un tema que puede caer en la convencionalidad de forma muy fácil pero que aquí, sin presentar una historia particularmente cautivadora, deja espacio a la actriz y nunca busca el impacto banal. |