Con todo el sabor de los thrillers de espionaje de los 70, esta película de Tomas Alfredson es una de las mejores muestras de este género que además trata al espectador y a la historia con inteligencia. Dentro de esta cinta magníficamente concebida, ambientada, que tiene una atmósfera impresionante y que resulta completamente absorbente se encuentra además una hipnótica actuación de Gary Oldman.
Sinopsis: El jefe de los servicios secretos, Control, y el agente Smiley son forzados a retirarse pero tras unos últimos acontecimientos, Smiley es obligado a salir de su retiro para investigar si hay realmente un topo en la cúpula del MI6.
En 1964 un operativo del servicio de inteligencia británico MI6 se retiró para ser escritor a tiempo completo. Bajo el pseudónimo de John Le Carré, el cual seguiría utilizando posteriormente, el autor ya había dado vida a uno de sus protagonistas más icónicos llamado Geoge Smiley. Este espía de la guerra fría es el protagonista de cinco de sus novelas y un personaje secundario en un buen número de otras escritas por un célebre autor que siempre ha presentado a la perfección el modelo que entendemos como clásico de agente secreto. Frío, hermético, inteligente y altamente observador, Smiley ya había conocido una gran encarnación a través de Alec Guinnes en dos notable miniseries de la BBC de finales de los 70 y principios de los 80. El actor Gary Oldman vuelve a darle vida de una forma soberbia en una película que no tendrá la profundidad lógica que permite una miniserie pero que supone un excepcional thriller de corte clásico.
Si el estilo de Le Carré se contraponía al de otro gran escritor de temática similar de la época, Ian Fleming, ya que abogaba por la inteligencia, la ambigüedad moral y la tensión en vez de la acción, la violencia y los aparatos tecnológicos que había en las obras sobre James Bond, esta película presenta la misma diferencia con los thrillers actuales. En "El topo" no hay explosiones, tiroteos ni persecuciones, todo sucede en conversaciones, deducciones y poco más. Quien adore las películas de misterio en las que no se da todo mascado se sentirá ampliamente recompensado con esta. El filme sigue a su protagonista mientras intenta averiguar quién es el traidor en lo más alto de los servicios de inteligencia y fuerza al espectador a deducir con él y a prestar atención a los detalles. Todo es sutil e importante en esta historia.
El realizador Tomas Alfredson ha logrado componer una cinta magníficamente ambientada y con un tono absolutamente impresionante. Sobrio, ajustado, fríamente tensionado y a la vez algo melancólico, difícilmente se puede crear una atmósfera en película de espías de la guerra fría mejor que la que ofrece el filme. Con un aspecto de ritmo pausado pero lleno de tensión, la película presenta una absorbente trama de una forma que hace que "El topo" en vez de ser un entretenimiento sea un ejercicio de inmersión.
En el centro de "El topo" está Gary Oldman y su perfecta interpretación. El actor cuida todos los detalles de este viejo espía, creando no sólo la coraza emocional que tiene Smiley sino dejando ver de forma casi imperceptible todo un bagaje detrás de sus ojos. Tomas Alfredson sabe del peso que está aportando en cada escena y nunca hace un esfuerzo en alejar la cámara del mejor Gary Oldman de la última década, aunque ello implique sacrificar parte de los secundarios como los interpretados por Ciarán Hinds o incluso Colin Firth. Tom Hardy, John Hurt, Mark Strong, Benedict Cumberbatch y Toby Jones tiene algo más de tiempo en pantalla pero al lado de Oldman parecen todos más figurantes que actores.
Con los intérpretes que tiene y dada la calidad de esta película, es una pena que no sea una miniserie ya que hay material de sobras para volver a hacer una. Se podría seguir viendo durante horas a este Smiley. El necesario recorte narrativo puede dar la sensación de que muchas cosas se dan por sentadas y ni se explican pero todo está perfectamente medido en "El topo". La película no necesita dar una aclaración a todos los detalles, para algo es un filme de espías y agentes dobles con todas las mentiras y medias verdades que ello implica, sumergiendo así al espectador en este particular mundo de la guerra fría con toda la inteligencia y realismo posibles. |