Con un confuso inicio, tanto de ideas como de forma de narración, esta película se va encontrando a sí misma a medida que avanza. Su cruce de géneros le proporciona una riqueza que, a momentos, hace que las secuencias se unan de forma inconexa.
Lala, una adolescente de la clase alta argentina que vive en Buenos Aires esta enamorada de una joven paraguaya de 20 años que trabaja en su casa. Su plan es fugarse juntas a un pequeño pueblo junto a un lado, situado al pasar la frontera con Paraguay, pero el asesinato del padre de Lala hace que todo se precipite. Ella se va inicialmente sola a la espera de que su amante se reúna con su amante allí, pero nunca llega ya que ha sido detenida en un centro para menores.
Esta adaptación de su propia novela que Lucía Puenzo ha dirigido está compuesta de muchas pinceladas de diferentes géneros que, especialmente en su tramo inicial, no acaban de cohesionar. Drama, romanticismo, obsesiones, realismo mágico y hasta secuencias de suspense se unen de forma coherente narrativamente sin encontrar su tono más adecuado. Pero a medida que avanza el filme, las emociones y la poesía que este filme transmite se van haciendo más fuertes. La película emplea además una serie de flashbacks que esconden uno de los secretos centrales de la historia, empleados de forma tramposa por cómo muestra y oculta información para crear suspense dramático. “El niño pez” no es en realidad una película de suspense, es una historia de amor agridulce en donde el mundo que las dos protagonistas crean choca con la realidad y en esa colisión es en donde Puenzo demuestra cinematográficamente su talento literario. |