El realizador francés Sylvain Chomet rinde un especial tributo a Jacques Tati y su personal guión en un bello, sensible nostálgico y extremadamente pausado filme de animación.
Sinopsis: En los años 50, un ilusionista francés cada vez le resulta más difícil encontrar su sitio en salas de espectáculos y music halls, desplazado por el fenómeno de la música rock. Acepta una propuesta de actuar en Escocia, donde conoce a una joven y ambos se adoptan en una relación y el ilusionista acepta que ella le acompañe a Edimburgo.
Fallecido en 1982, el francés Jacques Tati es ocnsiderado como uno de los mejores directores que ha habido a pesar de haber solo dirigido seies largometrajes en sus 81 años de vida. conocido también por su faceta a de actor cómico, Tati escribió el guión de "El ilusionista" en 1956 en un intento de reconciliarse con su hija a la que abandonó de pequeña. Su intención era rodarla con actores reales aunque nunca se llevó a hacer. La familia del propio Tati le hizo llegar el guión al realizador Sylvain Chomet, quien acabada de despuntar en 2003 con la cinta de animación "Bienvenidos a Belleville".
Chomet no solo se ha mantenido dentro de la animación que domina a la perfección sino que además ha dado vida al propio Jacques Tati. El personaje central es una reencarnación del director ya desaparecido, una encarnación que revela lo personal y nostálgico del filme. Ello no implica que la película no funcione de forma notable sin conocer estos hechos pero le quita indudablemente matices. Esta historia era la carta de amor de un padre a una hija y Chomet la ha convertido en una carta hacia el propio Tati y hacia un estilo ya desparecidos. No en vano el nombre el protagonista es Tatischeff, nombre real del propio Tati y quien trabajó como mimo en los desaparecidos music-halls antes de dar el salto al cine.
Si algo domina el tono de este suave y nada exaltado filme es la melancolía. Se respira en cada uno de sus fotogramas y transmite una belleza agridulce cautivadora. En un mundo en donde incluso las películas con actores reales parecen hechas por ordenador, "El ilusionista" da la sensación de haber sido hecha a mano, con cuidado y cariño, evocando una magia a través de un humor mínimo, sin apenas diálogo y con un tono extremadamente pausado.
Sin poseer una animación llamativa, Edimburgo aparece radiante en esta película. Técnicamente no será brillante pero está hecha de una forma que traslada la delicadeza de de esta relación de un hombre adulto, un mago condenado a desaparecer, y una joven en la que ambos mimetizan una relación paterno filial.
Seria no obstante un error considerar esta historial personal como un eco únicamente de la obra de Jacques Tati ya que quien ha logrado dar toda la magia, melancolía y encanto a esta historia es Sylvain Chomet, haciendo completamente suyo un guión que parecía estar destinado al olvido. |