Jodie Foster dirige su tercer largometraje mezclando drama personal, algo de comedia y un muñeco de peluche con una interesante intención pero sin conseguir darle redondez a su filme, el cual se encuentra dominado por la destacable actuación Mel Gibson, perfectamente secundado por la propia directora , Jennifer Lawrence y Anton Yelchin en el resto de roles principales.
Sinopsis: un alto ejecutivo deprimido director de una compañía de juguetes adopta un castor de peluche con el propósito de comunicarse mejor con su mujer y sus hijos cuando todos los demás tratamientos que han seguido se han mostrado completamente inefectivos, protegiéndose y ocultándose así él mismo tras este castor parlante de extraño acento.
Esta película llega rodeada de un gran ruido debido no a ninguna cuestión cinematográfica sino a los excesos de su protagonista central en su vida no tan privada. Según ellos mismos han reconocido, a Mel Gibson y Jodie Foster les une una profunda amistad de muchos años de duración a pesar de las enormes diferencias de sus respectivos carácteres. Jodie Foster es una actriz y directora que no se deja ver en exceso en una pantalla y siempre ha sido una figura pública completamente ausente de la prensa rosa o similares. Mel Gibson es todo lo contrario, ya que parece aprovechar cualquier cámara, micrófono o grabadora escondida para dar suelta a su incontinencia verbal para cargar contra la comunidad judia y abusar verbalmente de su mujer, entre otras lindezas. Entrando en un escándalo para entrar en otro de contenido más grave, la imagen de Mel Gibson ha sido tan seriamente dañada que aparte de haber sido casi declarado un paria en Hollywood, su reputación ha lastrado la distribución en varios mercados y las posibilidades de esta película, realizada por una de las pocas amistades que tiene que le ha defendido públicamente.
Viendo "El castor" es fácilmente entendible la fe de Jodie Foster en Mel Gibson, al menos en el plano interpretativo. El actor de origen australiano vuelve a demostrar una vez más el ajustado equilibrio que es capaz de dar a cualquier rol y sus notables habilidades delante de una cámara. Gibson interpreta aquí de forma perfecta el papel dual de hombre deprimido, cuando es él mismo, y su alter ego cuando habla a través del castor de trapo, dándole una veracidad inesperada a un papel que en apariencia parece falso y excesivo.
Él es sin duda el elemento más destacad de esta particular película sobe la depresión y en parte también sobre la crisis de la mediana edad de su protagonista. La dirección de Jodie Foster es perfectamente correcta pero falta de inspiración y se muestra incapaz de aunar los diferentes tonos y sensaciones que tiene su filme.
"El castor" parte de un punto de partida algo rocambolesco el cual es posiblemente el tratamiento menos indicado para alguien con serios problemas como los tiene aquí el personaje central. La historia en sí nunca acaba de ser creíble, el nacimiento de la figura del castor es algo forzado así como la reacción de los demás personajes a su súbita presencia. El filme pretende ser dramático, a momentos divertido, melancólico y por qué no decirlo, incluso verdadero dentro de su artificialidad, pero Foster nunca consigue casar las disparidades y excesos de una historia que siempre parece algo obvia en intencionalidad y mensaje y hacer de "El castor" algo un poco más coherente e inquisitivo. Si la intención de su directora era principalmente más metafórica en vez de narrar un solo un guión algo extravagante, Foster deja en todo moemento demasiado claro su mensaje en contra de la superficialidad y coraza que todo los seres humanos nos ponemos para enfrentarnos al mundo escondiendo nuestras penas y heridas, pero ello no es necesario deletrearlo con cada personaje, como el del propio padre, el del hijo, la novia del hijo, etcétera.
Ello no quiere decir que el filme no sea capaza de crear las emociones que se propone ni de transmitir alguna idea interesante, todo lo contrario, pero nunca parece un retrato de la depresión verdaderamente auténtico ni una alegoría con un propósito más allá de un simple pensamiento.
El gran logro aquí de Jodie Foster es al coneiguir extraer de todo el reparto un gran nivel interpretativo. Si Mel Gibson es más que notable, ella misma, Anton Yelchin y Jennifer Lawrence se muestran en perfecta sintonía con sus respectivos papeles, siendo un reparto tan equilibrado como conseguido.
La buena forma de sus actores contrasta con el guión que emplea aquí la directora, el cual parece encontrarse a medio camino de lo que realmente podría haber sido, quedándose simplemente en un filme que tiene elementos interesantes, atractivos y entretenidos pero que podrían haber resultado en una soberbia cinta manteniendo el uso de un planteamiento poco convencional. |