Sin resultar convincente su historia, esta película sobre la madurez adolescente está demasiado llena de formulismos y clichés y vacía de de ideas, resultando plana a pesar de que en algunos momentos presenta unos esbozos de ingenio. Freddie Highmore y Emma Roberts dan vida a dos personajes ya muy vistos aunque ambos actores logran sustentar el interés que haya podido generar la película y hacen que se vea con facilidad.
Sinopsis: George es un joven solitario y fatalista que en su último año de instituto ve amenazada su graduación debido a que no ha hecho ni un día los ejercicios de clase. Sin importarle demasiado este hecho, conoce a una popular chica que ve en él algo más que al raro de la clase y por quien siente cierto afecto.
En el cine con adolescentes, uno de los temas preferidos es la angustia de madurar cuando se tiene dieciséis o diecisiete años. Ese momento vital ha servido para crear todo un nutrido de películas que, al final, han dado casi con la creación de un género propio, con sus fórmulas de cómo construir un filme sobre esta temática y con sus propios clichés.
"El arte de pasar de todo", traducción un poco por libre de un filme que originalmente en inglés se llama "El arte de ir tirando", es una buena muestra de la convencionalidad de este género juvenil. Si fuese la primera película que presenta esta situación y el primer filme que utiliza a un protagonista concebido como el que hay aquí presente, este filme dirigido por Gavin Wiesen sería una superficial y ligera exploración de un personaje en un viaje que quiere hacer creer que se llega a una iluminación superior pero, realmente, la conclusión del filme es una contradicción con sus propias ideas. Pero habiendo perdido la cuenta de cuantas películas hay parecidas a esta, simplemente ésta es una más.
Lo que resulta más molesto de "El arte de pasar de todo" es el desconocimiento que se tiene del personaje central. Ni siguiera el director sabe cómo es. El motivo de angustia de una persona seguramente no es fácil de definir pero la película no sabe ni por dónde comenzar a indagar. Cuando el protagonista termina su viaje personal, sucede su esperable pequeña transformación interior sin que realmente tenga demasiada lógica. Uno más bien sabe que es lo que le está sucediendo al protagonista porque es lo mismo por lo que han pasado muchos adolescentes cinematográficos antes que él, personajes que ayudan a componer el aquí presente.
No obstante es destacable al actor que le da vida, Freddie Highmore. Superficialmente da la imagen perfecta aunque el guión no le permite ir mucho más allá. Se encuentra acompañado por Emma Roberts como su primer interés afecto. Ambos actores son los que sustentan la película aunque no quiere decir tampoco que realicen aquí una actuación memorable, todo lo contrario.
Dramáticamente ligera, liviana y con un aire de simpatía, "El arte de pasar de todo" no ahonda en sus personajes pero tampoco quiere decantarse por un tono mínimamente cómico. Quiere ser tolerablemente agridulce pero sin dramatismos ni excesivos romanticismos, quiere ser amena pero sin saber cómo ser ingeniosa o con chispa, quiere aparentar que alguien se ha sentado a pensar cómo son los personajes y simplemente es plana y superficial. No es un cinta poco recomendable, simplemente es convencional. |