Llegando al núcleo dramático de su historia con secuencias de poderosa belleza y una artificiosa y sublime narración, Terrence Mallick logra componer tanto una obra de arte en una película y como una poesía con imágenes. Brad Pitt y Sean Penn son dos perfectos protagonistas pero aquí el peso recae en la personal dirección y montaje de un director que logra su mayor triunfo con su historia más personal.
Sinopsis: Un Jack adulto en la época actual intenta reconciliarse con su padre con quien mantiene una complicada relación desde su infancia en los años 50, marcada por el carácter de su padre y la muerte de uno de sus hermanos, a la vez que cuestiona su propia fe.
Una de las primeras afirmaciones que se pueden fácilmente hacer del realizador Terrence Malick es un director diferente y especial. Con cinco películas en su filmografía desde que empezó a dirigir en 1973, su cine es a la vez inteligente, sensible, pensado , bello, poético y casi metafísico. A veces es impresionante como en "La delgada línea roja" y otras veces abusa de su propio estilo cayendo casi en la pretenciosidad como en "El nuevo mundo". En cualquiera de los dos casos, no hay duda que ver una de sus películas es una experiencia tan exigente con el espectador como gratificante, ya que pide de quien la está viendo no solo dejarse atrapar su cuidada forma de mostrar imágenes sino hacer el esfuerzo de no querer entender todo lo que sucede y dejar que tanto las ideas como sensaciones calen en uno.
Una de las primeras y principales referencias que se pueden hacer con "El árbol de la vida" es respecto a una de las obras más conocidas de Stanley Kubrick, "2001, una odisea en el espacio". Aparte de pequeños guiños al clásico de ciencia ficción, ambos títulos tiene secuencias sobre el nacimiento del universo, la vida y una narración paralela que no encaja exactamente en la narrativa pero funciona perfectamente de forma complementaria. Expansiones de sensaciones pueden llamarse. Igualmente ambas tiene un final semi abstracto y abierto a interpretaciones que, de forma ambigua, cierra la película. Tienen otra cosa en común, ambas son obras maestras.
"El árbol de la vida" no contiene una trama interplanetaria pero si interpersonal, adentrándose en un personaje adulto a través de su infancia y de las dos personas que más le marcaron, su padre y su madre. La narración no se desarrolla de forma ordenada o estructurada. En un cine de Italia se ponían por error las dos primeras bobinas de la película cambiadas de orden y nadie se percató y lo achacaron al estilo de montaje del director. En EE.UU.. más de un espectador ha pedido que le devuelvan el dinero de la entrada por tener una trama demasiado inconexa. De lo que no hay duda es que la película no es lineal ni hecha con escuadra y cartabón. Su desarrollo fluye como el pensamiento de una persona que repasa sus recuerdos, saltando de uno a otro con una fluidez particular que solo tiene sentido para el personaje. A esta narración de una conciencia, Malick le ha añadido imágenes paralelas y escenas como la del nacimiento del universo o la de la clemencia en el periodo jurásico. Por sí solas, únicamente son secuencias de extremada belleza pero juntadas con una sensible trama dramática, hacen de la película algo sublime.
El único exceso que se le podría mencionar a Malick en su filme es el uso grandilocuente de la música, que en ocasiones resulta demasiado para el sentido tacto que contiene todas y cada una de las escenas. hay que decir que en la mayoría de caos es un loable refuerzo a su cuidada fotografía.
En el centro de la película se encuentra Brad Pitt en el papel de padre, simplemente perfecto en cada una de sus escenas. Lo mismo se puede decir de Jessica Chastain como madre y de Sean Penn, quien a pesar de tener muchos menos minutos, emana magníficamente el conflicto de su personaje cuando es adulto.
En esta gran película de Terrence Malick no hay realmente un actor protagonista sino unos personajes y unas relaciones que son el centro de la vida de este filme, una gran muestra del cine sensible, intelectual y a momentos abstracto que no solo tiene dos horas de las imágenes y la fotografía más bella vista recientemente sino también construye una historia y una narración con toda la poesía que el cine puede ofrecer. |