Con una gran puesta en escena, esta película sobre la rivalidad de dos ilusionistas es un constante truco de magia que sacrifica parte de su trasfondo dramático en alas de un guión que prefiere hacer prestidigitación con sus piezas. Su director, Christopher Nolan, vuelve a demostrar su habilidad para jugar con éxito con niveles narrativos y su carismático reparto, encabezado por Christian Bale y Hugh Jackman, cumple perfectamente con su función.
A finales del siglo XIX en Londres, Robert y Alfred trabajan como asistentes de un mago. Su amistad se rompe cuando Robert culpa a Alfred de la muerte de su esposa y ambos se convierten en rivales. Obsesionados en competir el uno con el otro y en crear el truco de magia perfecto que supere al del otro, su enemistad aumenta progresivamente con los años y sin límites aparentes.
Recién salido de relanzar a un caballero oscuro, Christopher Nolan (“Memento”, “Batman Begins”) cambia de registro, ambientación pero no de estilo. En su adaptación de la novela de Christopher Priest, el realizador vuelve a presentar personajes centrales marcados por una obsesión y una estructura narrativa que esconde sus cartas y juega con lo que decide mostrar y lo que no. Con una ambientación de finales de siglo perfectamente estilizada, Christopher Nolan se mueve con comodidad dentro de un guión que funciona a la vez como un puzle y como un reloj. Su mecanismo es inteligente e ingenioso y es fácilmente entendible la fascinación de Nolan por el cómo funciona esta historia. Todo el filme en sí es prácticamente un truco de magia, magníficamente escenificado pero con un poso demasiado frio. Su carga dramática siempre parece fuera de lugar y también es más que discutible la necesidad de recurrir a la ciencia ficción, algo que puede parecer tramposo pero que en defensa del guión del propio Nolan y de su hermano, Jonathan Nolan, la novela emplea un truco similar.
En el filme destaca también su reparto plagado de rostros conocidos. Los roles centrales recaen en Hugh Jackman ("X-Men", "Operación Swordfish") y Christian Bale ("Batman Begins", "Terminator Salvation"). Ambos tienen carisma sobre el escenario y delante de la cámara pero dada la rigidez formal, tampoco pueden aportar mucho más que una convincente obsesión. Al igual que Bale, Michael Caine vuelve a colaborar con el director, siendo uno de los intérpretes más destacados dentro del filme. El reparto lo completan unas algo malgastadas Piper Perabo, Rebecca Hall y Scarlett Johansson, junto con un inesperado y ya de por sí extraño y eléctrico David Bowie, no visto en la gran pantalla en más seis años.
El reparto de “El truco final: el prestigio” es siempre una garantía de solidez pero el verdadero protagonismo del filme es el guión y la plasmación que realiza su director, perfecta en apariencia pero en demasiados momentos excesivamente fría y cerebral. |