Con un irónico humor más inglés que estadounidense, esta comedia es un digno entretenimiento que cuenta además con un cierto encanto y chispa, pero a la vez es una película previsible y demasiado fácil en varias partes.
Un joven aristócrata inglés se casa precipitadamente con una chica de EE.UU., quien trae ideas mucho más avanzadas que las que imperan en la Inglaterra del primer cuarto del siglo XX. Sin que los padres de él supieran nada, van a visitarles para que ella les conozca. El choque tanto generacional como cultural con la clásica madre de él y sus hermanas queda patente desde el primer momento y su padre, un alma perdida, parece ser el único a favor de la decisión de su hijo.
Esta adaptación de una obra teatral inglesa de 1925 está realizada con la intención de ser puramente una comedia de humor inglés, eliminando casi en su totalidad la parte dramática que el texto original contenía. Al hacerlo, la historia se queda sin trasfondo, carga emocional ni un núcleo consistente. El guión resultante tiene ironía, comedia negra y un buen ritmo, pero podría haber dado mucho más de sí y, además, en algunos momentos cae innecesariamente en un humor más burdo. Pero como simple comedia sin pretensiones funciona de forma adecuada y efectiva. Ello es en gran parte gracias a los notables actores con los que cuenta, especialmente destacable Kristin Scott Thomas en el papel de madre aristócrata inglesa. Traída por los míticos y recientemente renacidos Ealing Studios, esta película proporciona una comedia de corte clásico con algo de ingenio, ironía y cierto atractivo pero que no será recordada como una comedia memorable, a diferencia de lo que ha sucedido con otras cintas producidas por ellos en el pasado. |