Con un guión tramposo y un giro final que no acaba de sostenerse, esta película consigue su principal objetivo, entretener, aunque no es capaz de tener la chispa y el encanto que pretende. A pesar de contar con dos nombres propios para la pareja protagonista, su falta de química no ayuda al filme.
Después de haber compartido juntos una noche, una pareja de espías se vuelve a encontrar dos años después cuando ambos trabajan para el sector privado. Se encuentran en mitad de una guerra entre dos directivos de dos grandes compañías farmacéuticas quienes, empleando cualquier medio, pretenden destruir al otro. Cada uno de ellos y ambos espías parecen estar jugando a un doble juego en el que todo el mundo cree tener el control.
Esta historia de engaños, espías, traiciones y dobles agendas está hecha con un tono ligero y agradable, queriendo ser un producto de entretenimiento puro que deje una sonrisa tras su visionado. Para conseguirlo cuenta con u guión que pretende ser intrincado e inteligente y a una conocida pareja protagonista. El guión en sí funciona de forma artificial y sin llegar a hacer mucho sentido en su tramo final, mostrando y ocultando información de forma tramposa para conseguir atraer la atención del espectador. Los dos actores protagonistas han demostrado que tienen cierto carisma, especialmente Clive Owen, y que funcionan muy bien en taquilla, especialmente Julia Roberts. El unirlos en una película de comedia/acción ligera podría haber resultado perfectamente, pero Julia Roberts no parece cómoda en su personaje ni consigue hacerlo creíble y juntos tienen la misma poca chispa que un bloque de granito. Quienes sí destacan, como casi siempre, son los dos secundarios Paul Giamatti y Tom Wilkinson. El filme cuenta con un alto presupuesto y se nota en pantalla, consigue ser una película de palomitas que se deja ver fácilmente si no se pretende pensar mucho en ella y que podría haber sido un gran divertimento si le hubiesen conseguido dar más encanto, química y un guión más trabajado. |