La esperada adaptación del manga de Akira Toriyama no sabe reproducir en ningún momento el espíritu de la serie original ni ser una película decente en ningún aspecto. El producto parece más una excusa para sacar dinero usando su nombre que un intento real de recrear el universo de Dragon Ball.
Goku, un joven entrenado en las artes marciales por su abuelo adoptivo, debe encontrar al Maestro Roshi cuando su casa es atacada por el malvado Piccolo y éste mata a su abuelo. Junto con el Maestro inicia la búsqueda de las siete Bolas de Dragón que también persigue Piccolo para poder dominar el mundo, las cuales conceden un deseo a quien las reúna antes del próximo eclipse. Ese deseo es la única oportunidad que tiene para detener a Piccolo.
“Dragon Ball” fue un manga juvenil con acción, espectacularidad, diversión y un tono pícaro. Tampoco tenía límites en cuanto a lo que era posible. Esta película con actores de carne y hueso es limitada en todos sus componentes. El grupo actoral, a excepción de Chow Yun-Fat, nunca acierta con el tono, la acción es impropia de una película de este presupuesto, el guión es tan pobre como cabía esperar y su ritmo llega a aburrir. Sólo tiene un gran acierto, su corta duración que no supera los ochenta minutos. Eso implica que cada minuto de película ha costado más de medio millón de dólares y ni aún disponiendo de semejantes medios han podido darle a “DragonBall Evolution” cierta apariencia de calidad. Todo el filme parece apresurado, tanto en desarrollo como en las secuencias de acción, como si el director hubiese tenido tanta prisa como los espectadores en verlo acabar, dado su pobre nivel. |