Buenos actores, gran ambientación y una historia con mucho potencial es lo que contiene esta película, notable en cuanto a producción pero al igual que su protagonista, pierde su fuerza y su alma a media que avanza el tiempo de metraje. Ben Barnes encarna con soltura a su personaje pero la forma en la que se cuenta la historia no le deja explorarlo más allá de la superficialidad.
El joven aristócrata inglés Dorian Gray llega al Londres de la época victoriana tras heredar una fortuna. Rápidamente conoce a Lord Henry Wotton y cae en su influencia amoral y que promueve el placer y el hedonismo. A medida que Gray se adentra en el mundo de Wotton y va más allá, una pintura que le muestra tal y como era a su llegada a la gran ciudad empieza a envejecer y reflejar el daño en su alma mientras que él se mantiene joven y bello para siempre.
El director Oliver Parker realiza con esta película su tercera aproximación al mundo de Oscar Wilde. Tras la amable pero mordaz “Un marido ideal” (1999) y la descafeinada “La importancia de llamarse Ernesto” (2002), Parker presenta a un Dorian Gray sombrío en una película que enmarca perfectamente tanto la época como la historia. A pesar de su evidente pasión por el escritor de origen irlandés, el director no parece encontrar nunca el equilibrio ente la narrativa pura de las historias y el mensaje que éstas representaban especialmente en la época. En este caso, la conocida historia de Dorian Gray está perfectamente producida, pero sorprendentemente no aporta nada nuevo. Las connotaciones morales de la elección del personaje principal son tratadas en menos de un minuto y el director no toma ningún riesgo en cómo tratar o adentrarse en la psicología de su personaje principal. El tratamiento es plano y en el fondo anodino, ya que incluso una persona que no se haya leído el libro conoce el cuento y sabe lo que sucede de principio a fin. “El retrato de Dorian Gray” tiene sus mejores momentos cuando Colin Firth le saca punta a su personaje secundario, especialmente durante la primera mitad, ya que durante el resto de filme los personajes se comportan tal y como uno espera pero faltos de un mínimo de profundidad alarmante. El protagonista Ben Barnes es una figura perfecta como Dorian Gray y su transformación progresiva, pero los momentos claves de su personaje están demasiado cortados o completamente ausentes, no permitiéndole mostrar más que una mera sombra de lo que realmente le sucede a su personaje.
La película “El retrato de Dorian Gray” es más que notable en cuanto a valores de producción, actores, ambientación e incluso ritmo, pero le falta el trasladar el peso de la historia del papel a la pantalla y un mayor atrevimiento al tratar una historia de más de cien años cargada de hedonismo, erótica homosexual y retos a la moralidad convencional. |