El actor británico David Morrissey da el salto a la dirección de largometrajes con la adaptación de una obra de teatro, que por ya venir trabajada debería ser una apuesta segura. Pero Morrissey se presenta con una dirección anodina y un guión excesivamente inmaduro.
David llega a la ciudad de Liverpool después de una fallida relación de una noche y se levanta sólo con algunas monedas y sin medios para volver a su casa en Londres. Tina, quien trabaja en una casa de apuestas, le ayuda y él la convence para que se tome el resto del día libre y pasen el resto de la tarde juntos. Ella le enseña la ciudad, hablan, comparten historias, tragedias personales y un nexo entre los dos se empieza a formar.
David Morrissey es un actor que no ha encontrado grandes papeles interpretativos en su filmografía y que ha quedado marcado por protagonizar “Instinto básico 2”. En este nuevo paso en su carrera como director presenta una película correcta pero común, carente de algún rasgo que la haga sobresalir mínimamente. David Morrissey no emplea ningún tipo de estilo propio y realiza una dirección plana y anodina, pero el punto más flaco del filme es su guión. Éste esta realizado por los dos actores protagonistas adaptando una obra de teatro propia, y a pesar de que debería estar ya bastante pulido y rodado dada su trayectoria, es una obra completamente insípida. Sigue todos los cánones y clichés de la típica historia de “chico conoce chica”, escrita con la sensibilidad de una persona de diecisiete años pero pretendiendo que es un trato adulto. Para ambos actores principales ésta es su primera película y aunque ambos son competentes, Helen Elizabeth demuestra estar mucho más cómoda en su papel que James Brough, quien sólo ocasionalmente consigue transmitir la empatía que su personaje necesita. En conjunto, “Don’t worry about me” no tiene ninguna arma para justificar un gran interés y es un filme aceptable pero carente de alicientes y atractivo. |