Con delicadeza, el director Javier Fuentes-León explora la aceptación propia de su personaje central y sus relaciones logrando una película no únicamente emotiva y bella sino además que sabe explorar con inteligencia las ideas que plantea. Los actores Cristian Mercado y Manolo Cardona aportan gran humanidad y verosimilitud a sus personajes, ensalzando el calado que deja su historia y la gentileza con la que se desarrolla este drama.
En un pequeño pueblo costero de Perú, sus habitantes viven según las rígidas normas sociales que dicta su comunidad. Miguel, un pescador, está casado con Mariela, esperan un hijo y es uno más del pueblo. Pero Miguel mantiene una relación que nadie conoce con Santiago, un pintor que se ha afincado en las proximidades esperando a que Miguel se acepte y puedan salir de su cerrada relación.
En su debut como realizador, Javier Fuentes-León presenta un relato ambientado en un pequeño pueblo, alejado de las grandes urbes, en donde las convenciones sociales todavía se mantienen con fuerza y el sentido de comunidad prima. Dentro de ese marco desarrolla una trama que fácilmente se podría describir erróneamente como un triangulo amoroso. Su protagonista, Miguel, casado, mantiene una relación homosexual con Santiago pero el núcleo de la película es la aceptación. En muchas películas se ha tratado la aceptación desde un punto de vista externo, como un problema de las personas que rodean al personaje. En este caso y de una forma extremadamente inteligente, se explora la aceptación propia pero no de una persona que descubre su homosexualidad sino de una persona que ya la ha descubierto pero que sabe que va en contra de todo lo que es su vida. Con gran sentimiento, suavidad y profundidad, Javier Fuentes-León recoge los vaivenes de Miguel y de sus relaciones con más corazón que trabajo visual, éste último siempre correcto e intentando ser poco vistoso ya que el verdadero protagonismo del filme recae con acierto en el abanico de emociones que se exploran. La idea de aceptación, de lo que uno espera de sí mismo, de la visión de los demás, la definición de masculinidad y del funcionamiento interno de una comunidad están presentes en el guión del propio Fuentes-León y se expanden de forma natural y, para tratarlas, el director se apoya en el recurso del realismo mágico, empleado aquí con medida y belleza.
Apoyado en un destacado trabajo actoral, “Contracorriente” es un modesto drama que loga ser emotivo pero con un corazón veraz, ya que sus personajes, relaciones y sentimientos son explorados con inteligencia y una aparente sencillez, aunque en realidad ahonde en la complejidad de su personaje real con trascendencia y mediante un guión extremadamente bien escrito. |