Con tono y actitud esta película británica consigue ser atractiva a pesar de que el guión no está a la misma altura y el mensaje último tampoco está completamente trabajado.
En la década de los ochenta, un trabajador de una fábrica está a punto de tocar fondo. Divorciado, con unas hijas que le quieren pero no le respetan y sin expectativas, es víctima de un acto de violencia aleatoria en un pub inglés. Gracias a la amistad con un grupo de porteros de discoteca, decide pelear y no rendirse, recuperando así su autoestima. Pero el contacto con está gente hará que se vea envuelto con la mafia local.
Este filme presenta perfectamente al personaje principal y su problemática. La narración tiene pulso y su fuerza no decae a lo largo del metraje. Con un tono ajustado, se desarrolla una historia que promete ser más de lo que es. El drama de un hombre casi hundido y de cómo acaba enfrentándose a sus problemas está bien escrito en su primer tercio, pero a medida que avanzan los minutos, su cambio y solución pierden interés. Además la película parece no saber que mensaje quiere transmitir al confundir en algunos momentos el uso del boxeo como catalizador de su recuperación con el decir que el boxeo y la imposición física son la solución. Entretenida e interesante, este drama independiente es un buen ejercicio de estilo al que una mayor profundización en sus ideas y un consecuente reajuste en su desarrollo hubiesen conseguido darle una mayor entidad. |