Esta reconstrucción de las atrocidades cometidas por Japón en la conquista de la capital China durante la Segunda Guerra Mundial es extremadamente dura, dramática y está más centrada en su aspecto de recuperación de la memoria histórica que de una narración propiamente dicha. Con un notable aspecto visual en blanco y negro, el director Chuan Lu hace sentir de forma angustiosa al espectador los horrores que relata.
En 1937 el ejército imperial japonés ocupó la capital de la República China, Nankín o también escrita como Nanjing. Tras la huida del ejército chino, la ciudad y sus habitantes quedaron a merced de los japoneses y únicamente tenían un leve refugio en la llamada Zona de Seguridad creada por los residentes extranjeros. Durante la ocupación japonesa se produjo lo que se conoce como “La Violación de Nankín”, en referencia a las atrocidades cometidas por los japoneses, las decenas de miles de violaciones cometidas a mujeres y el asesinato de cientos de miles de habitantes.
La masacre de Nankín es un hecho histórico que recientemente ha sido recordado en el documental “Nanking” de 2007 y la película “John Rabe” de 2009. El director de origen chino Chuan Lu recrea con gran fotografía pero con una gran dureza las barbaridades cometidas por el ejército japonés, con algunas secuencias y planos de gran belleza dentro de un marco de brutalidad y muerte. El director emplea un estilo prácticamente documental y en blanco y negro para dar una mayor sensación de realismo a sus imágenes. En este aspecto la película logra su objetivo con creces, ya que “Ciudad de vida y muerte” no únicamente muestra violaciones y asesinatos sino que traslada toda su carga, su emoción y su dureza al espectador. Lo que Chuan Lu muestra es desgarrador y así se siente. Esta virtud es a su vez su gran defecto cinematográficamente hablando. La película se centra en los diferentes episodios que sufrió la ciudad y para ello emplea varios personajes para mostrar lo que quiere, usando únicamente el punto de vista de este personaje. El filme nunca tiene protagonistas ni se centra en el lado humano de las personas que recrea y vivieron en la ciudad, únicamente las emplea como recurso para poder capturar una barbarie desde un punto de vista general. La falta de identificación con uno o varios protagonistas le quita peso dramático y elimina un nivel de conexión con el espectador, aunque la película siempre apela al sentimiento de humanidad de quien la ve a través del sufrimiento que recrea.
“Ciudad de vida y muerte” es un filme magníficamente rodado, dirigido y contiene una gran fuerza emocional tratada con toda la dureza necesaria y nunca se ensaña en exceso con ella, pero en su vocación reivindicatoria de un hecho histórico atroz le falta un elemento más personal para ser cautivador y desgarrador a la vez. |