El personal director Atom Egoyan sorprende al realizar un remake de una película francesa de 2003 con un reparto anglosajón, en donde lo más destacado es el trabajo actoral y el juego de relaciones que se crean entre los personajes en la primera parte del filme. En su segunda mitad, el director introduce un cambio de tono y de temática excesivamente disonante y poco acorde con el desarrollo seguido.
Una doctora tiene la sospecha de que su marido, un carismático profesor universitario, le es infiel tras perder injustificadamente un vuelo de regreso a su casa la noche de su cumpleaños. Para verificarlo contrata Chloe, una joven prostituta de clase alta para que intente seducirlo y compruebe su lealtad. La doctora, Catherine, dirige el escenario de los encuentros con su marido y Chloe tiene que contarle lo sucedido con detalles, que van aumentando a medida que se suceden.
Visto el resultado final, no es completamente claro los motivos que han llevado al siempre interesante director Atom Egoyan a realizar una nueva versión de una película europea y que fue recibida con bastante éxito en su país de origen, Francia, estrenada hace tan solo cinco años atrás. “Nathalie” de Anne Fontaine es aquí “Chloe”, Emmanuelle Béart es sustituida por Amanda Seyfried, Fanny Ardant por Julianne Moore y Gérard Depardieu por Liam Neeson. Este drama de sospechas, desconfianzas y pasiones funciona gracias al intrigante triángulo sentimental que se crea entre los tres personajes principales, con sus secretos y deseos ocultos, y por el trabajo de los tres protagonistas, especialmente logradas las escenas entre Amanda Seyfried y Julianne Moore, ya que consiguen crear perfectamente y empleando sólo simples gestos y miradas la relación que el guión describe. Atom Egoyan le da un notable y ajustado ritmo al filme, sabiendo crear y manteniendo la tensión y el tono a lo largo del metraje hasta que llega el tercer acto. En este último tramo, y emulando a un mal giro de Hitchcock, “Chloe” cambia de registro y sacude sin excesiva coherencia el desarrollo que había tenido la historia hasta ese momento. Una de las grandes virtudes del guión también se pierde, ya que hasta el tercio final todos los elementos claves se narraban más que se mostraban, haciendo que la subjetividad y el juego de verdades cogieran fuerza de gran forma. Lamentablemente el desenlace es más gráfico en acciones y menos inteligente en palabras. “Chloe” es siempre un filme interesante en el que sin lugar a dudas destacan las interpretaciones de sus actores, pero la nueva aportación de Atom Egoyan es cuestionable ya que las demás grandes virtudes de la película las crea el guión, el mismo con el que se hizo “Nathalie”. |