Apagado y sin chispa, este intento de comedia no consigue crear nada atractivo por culpa de una pobre concepción de personajes, unas actuaciones sin vida, un guión sin gracia y que recurre fácilmente a la comedia gruesa. Como mínimo es sólo monótona y a momentos aburrida, pero sin llegar a ser soporífera.
En el marco temporal de un día dentro del Black Cat Café, tanto un grupo de camareros como de clientes confiesa, se pelea e intenta resolver de algún modo sus problemas de relación con sus parejas o antiguas novias. A medida que las situaciones de las diferentes historias evolucionan, el caos dentro del café también escala por la grave crisis de pareja que atraviesan la gerente del café y el cocinero.
El planteamiento inicial de la película ya es descompensado. Intenta crear una comedia ligera basada en la interrelación de personajes a los que quiere tratar de una forma algo adulta pero el guión cae constantemente en la comedia burda con momentos incluso escatológicos. Los actores y sus personajes están por lo menos en sintonía. Tanto las interpretaciones como la concepción de los personajes son apagadas y faltas de vida. A pesar de que las situaciones se suceden, a la película le falta un tono más dinámico y con más energía y no abusar de momentos sin sentido. “Caffeine” acaba resultando en una película carente de vivacidad y extremadamente plana, que confía que sus historias sexuales, sus momentos sin sentido y los de humor grueso eleven el tono de la función, pero nunca consigue ser realmente una comedia aceptable. |