Con un escenario lo más reducido posible y unos pocos recursos físicos, el realizador Rodrigo Cortés da una clase magistral de cómo construir tensión y sostenerla durante 90 minutos a base de ingenio y dirección, apoyándose en un sólido guión que podría haber hecho un paso más en las implicaciones que ya tiene de por sí. Ryan Reynolds entrega su mejor interpretación hasta la fecha, llevando con buen nivel el peso del filme y siendo el único actor en pantalla durante todo el metraje.
Un conductor de camiones estadounidense que trabaja para una empresa de reconstrucción en Irak se despierta dentro de un ataúd y enterrado vivo. Únicamente tiene un teléfono móvil para comunicarse con el exterior. Intenta contactar con su familia y consigue pedir ayuda pero desconoce su paradero exacto para poder ser rescatado. Su secuestrador pide cinco millones de dólares para su liberación, algo a lo las autoridades se niegan mientras intentan averiguar en qué punto de Irak se encuentra antes de que se le acabe el oxígeno.
Un personaje encerrado en un ataúd, un mechero y un teléfono móvil. Es difícil imaginar una película con menos elementos que los presentes en “Enterrado” pero es remarcable el resultado que proporcionan. El director Rodrigo Cortés, quien ya despuntó con su anterior filme “El concursante”, crea aquí una película no solamente claustrofóbica dado el escenario sino también cargada de tensión y energía. Y la película lo logra siempre siendo fiel a sí misma, empleando con habilidad sus elementos y no recurriendo a nada más, como por ejemplo flashbacks o escenas en el exterior. Únicamente un personaje encerrado con un teléfono.
Desde el momento en el que el personaje central enciende su mechero por primera vez, la película resulta cautivadora tanto por su planteamiento como su notable aspecto visual. A pesar del reducido confinamiento del filme, este nunca deja de ser cautivador por la tensión que siempre tiene, el ritmo en el que se desarrolla y por estar filmada con imaginación y planos de gran atractivo.
En la película destaca especialmente su cinematográfica y la cámara de Rodrigo Cortés. El espacio siempre parece real, palpable y claustrofóbico pero, a la vez, ésta emplea diferentes ángulos que hace al filme visualmente interesante. El guión escrito por Chris Sparling está perfectamente estructurado y fluye de forma absorbente aunque podría haber hecho un pequeño paso más en sus ideas políticas de fondo ya que la idea de hacer pagar a un hombre común las consecuencias de las acciones de su gobierno podría haber sido mejor explorado. Mantener a un personaje confiando en un espacio minúsculo y construir una historia que mantiene el ritmo y el interés durante noventa minutos tiene un gran mérito, aunque a pesar de ello se tenga que recurrir a algún que otro cliché. Incluso Chris Sparling y el director se permiten el lujo de crear una pseudo escena de acción dentro del ataúd y consiguen llevarla a cabo con éxito.
Todo el peso de la película recae sobre Ryan Reynolds (“La proposición”, “Vaya caos”), único actor en pantalla durante todo el metraje. A pesar de que se queda a momentos corto en darle a su personaje toda la carga dramática que este necesita, el actor realiza la mejor interpretación que se le ha visto hasta el momento y llena perfectamente el rol. Existen pequeños papeles, como los interpretados por Stephen Tobolowsky y Samantha Mathis, voces al final de la línea del teléfono del protagonista.
“Enterrado” es una película que cuenta con sólido intérprete pero lo especialmente destacable es la labor de su director al crear un tensionado cruce entre thriller y drama aprovechando con inteligencia la reducción de su escenario en vez de verse limitada por ello, algo al alcance de la mano de muy pocos cineastas. |