Sin tener pretensiones, “Bobby Z” es una típica de acción, con giros de guión inverosímiles, personajes estereotipados y con un cliché tras otro que por suerte se deja ver sin problemas si el espectador no es demasiado exigente.
El agente de la DEA interpretado por Laurence Fishburne le ofrece al marine Tim Kearney una oportunidad para salir de prisión: hacerse pasar por el traficante de drogas fallecido Bobby Z con el que guarda un gran parecido en un último intercambio. Las cosas no van como estaban previstas y Tim, encarnado por Paul Walker, se encuentra atrapado en la situación y viviendo la identidad de alguien de quien no sabe nada y desconociendo cuánta gente le quiere muerto.
Dentro de la realidad de que esta película está condenada a vivir en el submundo de las películas de acción al uso, "Bobby Z" tiene más calidad de la esperada. Los actores están correctos, está bien filmada y el guión, a pesar de no ser creible en varios puntos, no hace aguas por todas partes. Es una película banal, olvidable y que parece que se haya visto cientos de veces antes, pero que seguramente ya fue concebida con esa idea. Dentro de ese marco, consigue mantenerse muy dignamente. |