El retrato del enamoramiento e inexorable distanciamiento posterior de un matrimonio es extremadamente honesto y a la vez emotivo en este filme, el cual sabe explorar perfectamente a sus personajes con realismo y con un tono algo ligero pero notablemente medido. Gran parte del mérito es la veracidad con la que sus dos actores principales, Ryan Gosling y Michelle Williams, construyen a sus personajes y la verosimilitud que muestran en pantalla.
Intercalando el periodo en el cual se conocieron y su situación años después, el filme se centra en una pareja casada y cómo ha evolucionado su relación a través de los años. Finalmente han llegado a un estadio en el que las discusiones son constantes, las exhibiciones de falta de amor de uno por el otro son patentes y que al ver cómo se están hundiendo, intentan recuperar su sintonía una noche en un hotel.
En muchos aspectos esta película puede ser comparable a “Revolutionary Road”, de Sam Mendes. El enamoramiento y desenamoramiento de un matrimonio que vive en un suburbio es el tema central de ambas, pero si el filme protagonizado por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet tenía una apariencia estilizada y la promesa de tener mayor contenido emocional del que finalmente contenía, esta película dirigida por Derek Cianfrance es todo lo contrario.
“Blue Valentine” muestra a una pareja con honestidad, verdadera emoción y sin apariencia de manipulación. Tampoco se deja llevar completamente por el drama sin concesiones aunque no por ello deja de ser menos cruda ni verosímil. La película muestra perfectamente el proceso ascendente y descendente de este matrimonio, de la inevitabilidad de lo que les sucede y únicamente pude ser criticable la interferencia externa e innecesaria del exnovio de ella y la orquestación de la necesidad por la que ambos protagonistas deciden casarse.
Una historia como esta no podría tener la fuerza que tiene en esta película sin una gran labor actoral por parte de sus protagonistas. Ryan Gosling (“El diario de Noah”, “Half Nelson”) y Michelle Williams (“Mamut”, “Wendy y Lucy”) crean la complicidad que da los años, los destellos de aprecio y toda la carga que han creado los años de vida en común de una forma perfecta. Su aspecto físico no solamente muestra el paso de los años, su forma de relacionarse, mirarse e interactuar es realista y totalmente creíble de acuerdo con los sentimientos que tienen en los dos momentos vitales que se plasman en pantalla, radicalmente opuestos.
Al final el fundido negro llega porque el filme se tiene que terminar pero este momento podría haber llegado cuando lo hace, dos escenas antes o continuar mostrando el hundimiento inevitable y completo de su relación durante horas. Ello es una muestra de la autenticidad con la que “Blue Valentine” presenta la relación de dos personas, algo que hace además con una gran franqueza y con el respaldo de la destacable labor de sus dos actores principales y resultando en un filme que despierta las mismas emociones que el álbum de Tom Waits con el que comparte título. |