Con un aroma militarista a pesar de narrar una intervención fallida, el productor Jerry Bruckheimer pone toda su espectacularidad y presupuesto al servicio de Ridley Scott, quien crea una memorable reconstrucción de los hechos con virtuosismo, un gran estilo visual y con una tendencia hacia el sentimentalismo pero sin dejar que la presión de la acción baje nunca de ritmo. Josh Hartnett es el actor que más tiempo está en pantalla aunque todos los papeles, por pequeños actores están copados por destacados nombres propios.
El 3 de octubre de 1993 las tropas estadounidenses en misión de paz en Somalia entran en la capital con 140 hombres para detener dos altas figuras cercanas a un señor de la guerra local. Una misión que no debería haber durado más de una hora se convierte en una situación completamente fuera de control tras ser derribado uno de los helicópteros del ejército, que acaba desembocando en un combate por las calles que dura hasta la mañana siguiente, cuando todos los soldados estadounidenses son finalmente evacuados.
Tras la espectacular pero peor que mediocre “Pearl Harbour”, Jerry Bruckheimer se une a Ridley Scott para una nueva cinta que recrea magistralmente el combate de las fuerzas de EE.UU. en Somalia. La maquinaria que el productor proporciona es excelentemente empleada por Ridley Scott, un veterano director que ha entregado varias de las mejores películas de la historia del cine, como “Blade Runner” o “Alien”, y algunos desastres que han conseguido dañar casi permanentemente su reputación, como “G.I. Jane”. Pero es indudable que el director no únicamente tiene talento sino también habilidad y en “Black Hawk derribado” construye una película completamente realista, dotada de un gran ritmo y llena de acción. La labor de dirección es sobresaliente en todos los aspectos y a pesar de tener multitud de puntos de vista y de personajes en acciones paralelas, uno siempre sabe dónde está. Esto acarrea la consecuencia de que nunca se crea una tensión palpable por las personas en pantalla, ya que la gran protagonista de la película es la acción. Lo que es más discutible del filme es el guión, ya que está lleno de pequeños momentos de emotividad forzada, incluidas secuencias de soldados a punto de morir con la fotografía de su familia en las manos, que se aleja de la tensión que la película quiere crear. Otro gran problema que tiene la película es su intencionalidad, ya que si puede aparenta que no quiere entregar ningún mensaje, algo complicado cuando se está mostrando la muerte de mil personas en combate, se acaba decantando por la camaradería del militarismo norteamericano sin querer aventurarse en ningún terreno político. Curiosamente un gran número de los actores en el filme que hacen de miembros del ejército de EE.UU. son estadounidenses, como Ewan McGregor, Eric Bana, Ewen Bremner, Jason Isaacs, Ioan Gruffudd, Orlando Bloom o Nikolaj Coster-Waldau. De toda la colección de nombres propios con la que cuenta la película, únicamente Josh Hartnett tiene unos pocos minutos más que el resto para realizar un mínimo de recorrido a su personaje.
“Black Hawk derribado” es una película con muchos actores y personajes, tal vez demasiados, que alcanza unos niveles técnicos perfectos y una tensión narrativa de gran pulso gracias a la labor de su director, pero falla en tener un mensaje coherente y saber qué quiere decir al recrear esta acción en Somalia. |